miércoles, 21 de diciembre de 2011

En un interesante artículo, Paul Allen, (cofundador de Microsoft y creador del Allen Institute for Brain Science entre cuyos proyectos está el Allen Brain Atlas) pone en duda las afirmaciones de Ray Kurzweil sobre la Singularidad. Según Allen, la Singularidad no está cerca. Admite que la Singularidad llegará, que es posible comprender por completo el cerebro y que los nuevos sistemas de hardware y software nos deslumbran a todos. Pero sostiene que la comprensión de los sistemas naturales y muy especialmente el cerebro avanza despacio y serán necesarios nuevos enfoques que aún hoy no vislumbramos. Frente a la Ley de los rendimientos acelerados de Kurzweil, Allen propone El freno de la complejidad.

Ley de los rendimientos acelerados
Kurzweil es el abanderado de la Singularidad. No es un visionario, sus predicciones se basan en datos estadísticos, es un reconocido científico, muchas de sus predicciones se han cumplido y hay que tener en cuenta lo que dice. Otra cosa es estar de acuerdo con él. Es autor de “La Singularidad está cerca” y la “Ley de los rendimientos acelerados”. En este ensayo postula lo siguiente:
Un análisis de la historia de la tecnología muestra que el cambio tecnológico es exponencial, al contrario de la visión ‘lineal intuitiva’ del sentido común. Así que no experimentaremos cien años de progreso en el siglo XXI, sino que serán más como 20.000 años de progreso (al ritmo de hoy). Los ‘rendimientos’, tales como la velocidad de los chips y la relación coste-efectividad, también se incrementarán exponencialmente. En el plazo de unas pocas décadas, la inteligencia de las máquinas sobrepasará la inteligencia humana, llevándonos a la singularidad (cambios tecnológicos tan rápidos y profundos que representen una ruptura en la estructura de la historia humana). Las consecuencias incluyen el surgimiento de inteligencia biológica y no biológica, software inmortal basado en humanos y niveles de inteligencia ultra-elevados que se expandirán hacia el universo a la velocidad de la luz.
Esta ley se basa en la ley de Moore que predice que cada 18 meses se duplica el número de transistores en un espacio dado (un chip). Sin embargo, la ley de Moore y la de los rendimientos acelerados son leyes empíricas. O dicho de otra forma, no son leyes y solo predicen el pasado. Funcionan hasta que dejan de hacerlo.

El freno de la complejidad

Paul Allen, con el mismo derecho, postula otra ley: El freno de la complejidad. Según esta:
A medida que avanzamos más y más en nuestra comprensión de los sistemas naturales, por lo general encontramos que requieren conocimientos más especializados para entenderlos, y nos vemos obligados a ampliar continuamente nuestras teorías científicas de una manera cada vez más compleja.
Paul Allen se opone a que la singularidad vaya a llegar pronto.
Aunque suponemos que este tipo de singularidad algún día ocurrirá, no creemos que este cerca. De hecho, creemos que será en una fecha muy lejana.
Un cerebro adulto es una cosa finita, por lo que su funcionamiento básico en última instancia, puede ser desvelado a través del esfuerzo humano. Pero si la singularidad llega en 2045, será debido a avances impredecibles, y no porque sea el resultado inevitable de un progreso exponencial producido por la ley de rendimientos acelerados.

Para que la Singularidad aparezca en 2045 no solo se necesita un hardware más potente en el que se ejecute el actual software más rápido. Es necesario crear un software mucho más inteligente lo que requiere un conocimiento de los fundamentos de la cognición humana de cuya cuya complejidad solo ahora comenzamos a ser conscientes. Ni el desarrollo de software ni el avance de la neurociencia se rigen por la ley de Moore.
Para que la singularidad ocurra en algún momento cerca de lo predicho por Kurzweil, será absolutamente necesario una aceleración masiva de nuestros avances científicos en la comprensión de todas las facetas del cerebro humano.
La complejidad del cerebro es simplemente impresionante. Cada estructura ha sido modelada con precisión durante millones de años de evolución para hacer algo en particular, sea lo que sea. No es como un ordenador, con miles de millones de transistores idénticos en las matrices de memoria regulares que son controlados por una CPU con unos pocos elementos diferentes. En el cerebro cada estructura individual y circuito neural ha sido refinado por separado por la evolución y el medio ambiente.
La investigación del cerebro obedece más bien a la ley del freno de la complejidad que a la ley de los rendimientos acelerados.
Allen habla también de las promesas de la Inteligencia Artificial IA. Aunque algunos inventos son sorprendentes como Watson, en general el progreso no ha sido en absoluto exponencial.
Aunque hemos aprendido mucho acerca de cómo construir sistemas individuales de AI que hacen cosas aparentemente inteligentes, nuestros sistemas han sido siempre frágiles - los límites de su rendimiento están rígidamente establecidos por sus supuestos internos y los algoritmos de la definición, no se pueden generalizar, y con frecuencia dan respuestas absurdas fuera de sus áreas de interés específicas. Un excelente programa de ordenador que juega al ajedrez , no puede aprovechar su habilidad para jugar otros juegos. Los mejores programas de diagnóstico médico contienen conocimientos inmensamente detallados del cuerpo humano, pero no pueden deducir que un trapecista tenga un gran sentido del equilibrio.
Al igual que en la neurociencia, el camino basado en la inteligencia artificial IA, para lograr la singularidad a nivel de la inteligencia computacional, parece requerir muchos más descubrimientos, algunas nuevas teorías con calidad de Premio Nobel y probablemente nuevos enfoques de investigación que son inconmensurables con lo que pensamos ahora. Este tipo de avances científicos básicos no se produce en una curva de crecimiento exponencial fiable.
Y concluye Paul Allen:
Lograr una comprensión científica completa de la cognición humana es uno de los problemas más difíciles que hay. Seguimos haciendo progresos alentadores. Pero hacia el final del siglo, en nuestra opinión, todavía nos estaremos preguntando si la singularidad está cerca.
Ray Kurzweil ha publicado su réplica en: Don’t Underestimate the Singularity donde básicamente se reafirma en la Ley de los rendimientos acelerados contrargumentando los puntos de Allen.

Más polémica. Kurzeil vs Myers

No es la primera vez que Kurzweil tiene que defender sus tesis. En una encendida polémica, Ray Kurzweil does not understand the brain, el biólogo PZ Myers pone en duda las opiniones de Kurzweil. Con réplica de Kurzweil y contratréplica de Myers
Algunas de las perlas de Myers
Por ingeniería inversa, quiere decir (Kurzweil) que vamos a ser capaces de escribir software que simule todas las funciones del cerebro humano
Tengo una muy buena idea de la inmensidad de lo que no entendemos acerca de cómo funciona el cerebro. Y si sólo entendemos una fracción de la funcionalidad del cerebro, eso hace que la ingeniería inversa sea extremadamente difícil.
El cerebro es un ordenador, y yo estoy en la parte que dice que no hay problema en principio en replicarlo artificialmente.
La ingeniería inversa del cerebro humano tiene complejidades que son enormemente subestimadas por Kurzweil, que demuestra poco conocimiento de cómo funciona el cerebro.
El problema es que él no ha proporcionado ninguna razón para especificar una fecha, que no sea su vago mantra de “crecimiento exponencial”. ¿Por qué no decir, 5 años? ¿Por qué no 50? El corazón del método de Kurzweil es tomar simplemente una fecha lo suficientemente lejana para que no podamos predecir que ocurrirá con los avances tecnológicos, y también que no sea probable que se enfrente con su incumplimiento frente a personas que le recuerden lo que dijo.
  1. Su argumento a favor de la simplicidad (según Kurzweil el cerebro es simple y modular) es profundamente erróneo e irrelevante.
  2. No ha hecho ninguna alegación cuantificable de lo mucho que sabemos sobre el cerebro en este momento y yo sostengo que sólo hemos arañado la superficie en las últimas décadas de investigación,
  3. “exponencial” no es una palabra mágica que resuelve todos los problemas (si pongo hoy un centavo en el banco no quiere decir que tendré un millón de dólares en el fondo de pensiones en 20 años).
  4. Kurzweil no ha proporcionado ninguna explicación de cómo va a ser la “ingeniería inversa” del cerebro humano.
CREDITO:ALT1040/ RENE DAVILA /191211

lunes, 19 de diciembre de 2011

LOS ACTOS Y CONSECUENCIA SON DEL CEREBRO?

Los recientes avances en neurociencia comienzan a tener implicaciones en los juicios y los sistemas legales. La poca fiabilidad de la memoria de los testigos, la utilización de escáner cerebral, el cerebro adolescente, la adicción a las drogas, o los cerebros con malformaciones plantean nuevos retos a la justicia. Y en un orden filosófico más profundo late la pregunta ¿Somos responsables de nuestros actos? En el reciente congreso de la Society for Neuroscience SfN, el más grande del mundo, se planteó el simposio “The Brain on Trial: Neuroscience and the Law”.

La memoria de los testigos

La reciente ejecución de Troy Davis se basó entre otras cosas en el testimonio de los testigos. Con el tiempo siete de los nueve testigos cambiaron su testimonio. La ronda de identificación fue irregular y parece que los recuerdos de los testigos fueron claramente contaminados.
En una serie de estudios clásicos Elizabeth Loftus demostró lo sencillo que es manipular los recuerdos. La memoria no es fotográfica, es siempre una reconstrucción, una recreación que se altera por las circunstancias del momento y las sucesivas invocaciones. Además es fabulativa: rellenamos las lagunas para relatar un recuerdo coherente. Algunos de los experimentos de Loftus son demostrativos. Después de ver un vídeo, se preguntó a unos sujetos experimentales ¿a qué velocidad iba el coche rojo al colisionar con el blanco? y a otros sujetos ¿a qué velocidad iba el coche rojo al machacar al blanco? Para los segundos, la velocidad era significativamente mayor. En otro de los estudios, se presentó a los sujetos informes por escrito de cuatro acontecimientos de su infancia. Uno era falso, pero contado por un familiar cercano. Un tercio de los sujetos afirmaban recordar el acontecimiento falso.
En otra serie de experimentos, los sujetos observaron a otros realizar unas acciones simple y ellos mismos realizaron otras. Al cabo de un tiempo, los sujetos no sabían cuales habían realizado ellos y cuales habían visto. Con frecuencia confundimos lo que nos ha sucedido, lo que hemos visto y lo que hemos imaginado.

El escáner cerebral

El polígrafo (también llamado detector de mentiras) se inventó en 1921. Se ha usado con frecuencia en los juicios y dependiendo de cada país se admite como prueba o no. El último en usarlo ha sido Alberto Contador.

El escáner cerebral mediante resonancia funcional magnética fMRI permite en esencia saber qué áreas del cerebro son más activas durante una determinada tarea. Es lo más próximo a leer la mente que existe. Es una poderosa herramienta aunque extraer conclusiones de un fMRI es muy debatible
Aunque aún está lejos de ser usado como prueba, según un juez de EE.UU:
Los datos no se pueden aceptar… porque no cumplen las directrices de evidencia científica… no obstante, la detección de mentiras basada en fMRI… es una metodología que puede ser considerada admisible en el futuro, después de mejorar las pruebas, el desarrollo y la revisión de expertos para aumentar su nivel.
El fMRI tiene otras implicaciones. Una de ellas es el estado de coma. Si el fMRI indica que un sujeto no está en coma ¿se le puede retirar la asistencia artificial que lo mantiene en vida?
Otra implicación de fMRI es la detección de anormalidades en el cerebro.

El cerebro criminal, adolescente o adicto

¿Existe un cerebro criminal? En general no, pero hay casos en que esta pregunta debe ser considerada. Como el caso de un profesor pedófilo con un tumor que perdió sus hábitos delictivos cuando este fue extirpado. Es raro encontrar una correlación tan clara, pero a veces ocurre. ¿Y en los psicópatas? Estos se caracterizan por tener poca empatía, por no ser capaces a ponerse en el lugar del otro. Tienen una amígdala (responsable de las emociones, ansiedad y miedo) menor aunque distinguen lo bueno de lo malo. El caso de los actos compulsivos es distinto: suelen ser personas con la corteza prefrontal (responsable de la planificación de los actos, pero también de la inhibición de los instintos) disminuida.
La adicción, causa de muchos delitos, secuestra el sistema de recompensas y conduce a una búsqueda compulsiva de la droga a pesar de las malas consecuencias que ello conlleve.
Especial relieve tiene el cerebro adolescente. El Tribunal Supremo de EE.UU ha decidido que no se puede condenar a pena capital a los adolescentes porque su cerebro es inmaduro. Y en efecto, el cerebro no para de madurar hasta los veinte años. Los adolescentes están aprendiendo las normas sociales y tienen dificultades para predecir las consecuencias de sus actos. En un estudió se mostró que tardan 300ms más que los adultos en decidir si algo es bueno o malo y las áreas cerebrales involucradas son muy distintas.

La réplica y el libre albedrío

La fMRI es una herramienta poderosa, pero las conclusiones extraídas a partir de ellas pueden resultar infundadas. Hoy es fácil confundir a un detector de mentiras ¿cómo? Pensando en otra cosa o simplemente pensando en mover un dedo.
¿Fue el cerebro o fue la persona la que cometió el crimen? Se trata de una falsa dicotomía: somos nuestro cerebro.
La ciencia puede proporcionar hechos, pero es la sociedad la que tiene que emitir un juicio sobre ellos.
En última instancia ¿somos responsables de nuestros actos? ¿existe el libre albedrío? Porque si la respuesta es no, ¿qué sentido tiene el castigo? Pero este es otro asunto.

domingo, 18 de septiembre de 2011

CAMBIO DE CONDUCTA HUMANA EN EL CONTEXTO ACTUAL.


Desde los  acontecimientos que el mundo sufrió a raíz de la Segunda Guerra Mundial, una serie de transformaciones, unas más visibles que otras, se han venido produciendo, hasta desembocar en la situación actual en donde la crisis presenta sus rasgos más contradictorios y agudos.

Un aspecto que revela lo que ocurre en la realidad, podemos apreciarlo en el plano intelectual e ideológico a través de la proliferación de ensayos de filosofía política, caracterizados, entre otras cosas, por la rara circunstancia de que una buena parte de estos provienen del sector ideológico, que convencionalmente se ha designado como la derecha. La derecha, se decía hasta hace poco tiempo, no tiene pensamiento sino intereses. La ideología era patrimonio de la izquierda.

El mundo ha cambiado pues no solo la derecha tiene pensamiento, sino que la izquierda tiene intereses. Claro que el fenómeno ha sido presentado como la derechización de la izquierda y no como la izquierdización de la derecha.

Personalmente no me agrada esta denominación porque las diferencias que usualmente han fijado no se refieren tanto a los contenidos reales de sus respectivas filosofías políticas, como a las caricaturas y deformaciones y al tratamiento peyorativo que cada una de ellas ha recibido desde la acera opuesta. Además, no es lo más riguroso que una ideología se caracterice históricamente por la ubicación geográfica que ocupaban los parlamentarios en la Asamblea, que se forma a raíz de la Revolución Francesa. La geografía no debe determinar la ideología.

En términos generales, las modas ideológicas han establecido que la derecha para afirmar la libertad sacrifica la igualdad, en tanto que la izquierda en busca de la igualdad sacrifica la libertad.

Pienso que en la actualidad, con la proliferación del populismo y de actitudes radicales de uno y otro lado, hay que esforzarse por demostrar que la lucha por la libertad y la lucha por la igualdad no solo no son incompatibles, sino que ambos términos son necesariamente complementarios, que lo que está ocurriendo y ha ocurrido, corresponde a la absolutización de los términos y que es tiempo de formular una teoría política integral que supere la teoría de las derechas y las izquierdas.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que el mundo vive ahora una situación diferente a aquella caracterizada por la lucha de las potencias hegemónicas; inclusive, diferente a la del último tramo del siglo XX, dominado por la ideología del mercado total, la desregulación de la economía y la privatización de los servicios públicos, entre ellos la salud y la educación. En este momento, aún y cuando se vive dentro de los marcos del capitalismo corporativo transnacional, de la incontrolada especulación financiera y de las ideas dominantes del absolutismo de mercado, algunas cosas han cambiado o están cambiando, una de ellas es el surgimiento de la ética de la responsabilidad social corporativa.

Por un lado la situación revela la complejidad de los problemas que agobian al sistema, cuyo estado crítico persiste desde el 2008. Las dimensiones de los mismos han afectado los principales indicadores de las grandes potencias económicas, creando déficits internos que a veces parecen insalvables. Los programas sociales se han visto profundamente afectados, y el impacto de la situación repercute sobre las organizaciones comunitarias, como la Unión Europea, por ejemplo, y sobre algunos países de esa organización, como los casos de España, Portugal, Grecia y más recientemente Italia.

Por otra parte, la crisis en el mundo árabe, Túnez, Egipto, Yemen, Siria, Libia, es de una complejidad tal, que es difícil y arriesgado pretender establecer con precisión las causas de las convulsiones políticas que sacuden a estos países. No obstante, en forma aproximativa podría indicarse, que una pluralidad de factores inciden en ella.

Desde esa perspectiva podríamos señalar factores políticos que exigen la sustitución de los caudillos y el caudillismo, la transformación de una cultura patriarcal y autocrática del poder, por otra basada en la alternabilidad, el Estado de Derecho y la democracia.

Desde el punto de vista económico y social, la crisis de la calidad de la vida, vivienda, alimentación, salud, educación, empleo, crean una situación de tensión que desemboca en la inestabilidad y la confrontación. La exigencia de una democracia, no solo política sino también económica y social, son causas importantes en la configuración de la situación analizada.

Además de lo jurídico, político, económico y social, no puede obviarse el problema religioso y cultural, en el que diferentes visiones de la religión, la ética y la cultura, se confrontan en la lucha por hacer prevalecer una sociedad moderna o por afianzar y profundizar tradiciones fundamentalistas.

Un factor principal en todo este complejo sistema de problemas, lo constituye la existencia e influencia de la tecnología, Internet, celulares y redes sociales, que inevitablemente conducen a la caracterización de una sociedad cibernética universal, que en no pocos casos, choca con el mundo de las tradiciones religiosas, políticas y culturales.

Ante una situación semejante, creo que esta crisis mundial requiere de un acuerdo planetario que funde la coexistencia entre los pueblos, culturas y civilizaciones en un nuevo contrato social sustentado en la interculturalidad.

Se está viviendo un momento de disociación, contradicción y conflicto que exige para su superación de un acuerdo universal. El momento es tan crítico, aunque quizás menos dramático, que aquel que enfrentó la humanidad al concluir la Segunda Guerra Mundial. La Organización de Naciones Unidas fue la respuesta integral a ese momento trágico y desolador, pues significó la identificación de las bases posibles para sustentar a una doliente humanidad, y la construcción de una ética de los valores y de una filosofía moral, fundadas sobre los principios de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, del 10 de diciembre de 1948.

El momento actual exige acuerdos nacionales, regionales y mundiales que permitan establecer principios comunes en medio de las diferencias y contradicciones, para sustentar sobre ellos la sociedad que debe emerger de la crisis y reafirmar los valores de libertad, dignidad y justicia.
CREDITO: ALEJANDRO SERRANO /  LIC: RENE DAVILA /15090011

domingo, 17 de julio de 2011

IGUALDAD,JUSTICIA Y EQUIDAD EN NICARAGUA.

 La igualdad es un concepto moral y como tal, racional, histórico y social. La sociedad, el Estado y el Derecho, han sido creados para atenuar las desigualdades y buscar la igualdad estableciendo para ello, aunque parezca paradójico, la idea de una acción desigual niveladora que consiste en dar más a quien menos tiene y más necesita, y dar menos a quien más tiene y menos necesita.

En este sentido la igualdad presupone el reconocimiento de las diferencias entendidas no como privilegio económico, social o de clase, sino como condición inherente al sujeto cuya identificación y regulación se vuelven necesarias para evitar la injusticia que entraña la uniformidad.

Lo que uniforma no une sino que somete, pues la igualdad no es uniformidad, sino reconocimiento y equilibrio de las diferencias, unidad en la diversidad. Por ello, el poder absoluto conduce a la desigualdad y la injusticia, la que en su forma primaria y genérica aparece cuando el poder presenta sus intereses particulares como si fuesen los intereses generales de la colectividad, cuando impone el bien individual como si fuese el bien común.

El principio de igualdad se rompe suprimiendo los términos que lo regulan, eliminando las disposiciones necesarias para su correcta aplicación. De ahí pues que la justicia sea, como decía Platón “dar a cada uno lo que le corresponde”. Sin embargo, creo necesario tratar de entender correctamente a Platón ya que el enunciado de justicia que hace en ‘República’ y que hemos consignado anteriormente, podría interpretarse en un sentido unilateral.

Cabría preguntarse qué es según Platón lo que a cada quien corresponde. La respuesta, por ejemplo, de Karl Popper en su libro ‘La sociedad abierta y sus enemigos’, es que lo que a cada uno corresponde está determinado por la posición que ocupa en la estructura jerárquica de la sociedad. “Zapatero a tu zapato”.

Pero junto a esta afirmación, objeto de la crítica de Popper, podría asumirse que lo que a cada quien corresponde no está solamente predeterminado por el segmento social al que pertenece dentro del orden vertical y piramidal de la sociedad, tal como efectivamente lo señala Platón, sino también y en forma implícita, por la necesidad de cada uno en relación a los valores, fines y objetivos que ha conferido a su existencia y por los cuales tiene el derecho a luchar como ser humano en uso de su propia libertad.

Esta segunda interpretación nos colocaría en una situación en la que justicia viene a ser equivalente a equidad, en el sentido de que cada quien en uso de su libertad, puede luchar por aquello que considera le corresponde sin afectar los derechos de los demás y que, por su parte, la sociedad, el Estado y el Derecho deben establecer las condiciones que permitan al sujeto realizar las acciones necesarias para alcanzar los fines que se ha propuesto, removiendo de entrada los obstáculos en sus propósitos, eliminando toda condición discriminatoria que sería la verdadera desigualdad.

Además de las anteriores consideraciones, podría decirse que la igualdad existe como imperativo moral y jurídico y como base común para todos, en el caso de los derechos humanos fundamentales, el derecho a la vida, la libertad, la dignidad, la justicia. Fuera de ellos, la desigualdad se presenta a partir, al menos, de tres situaciones principales: la primera en relación a las diferencias inherentes a la propia condición de la persona en lo que concierne a aspectos biológicos, sociales, laborales, profesionales, que hagan referencia —por ejemplo, a edad, sexo, trabajo, profesión, asociación—; categorías todas ellas en las que en atención a cada situación específica, existe o debe existir una consideración ética y jurídica también particular, referida a cada circunstancia.

La segunda forma de desigualdad tiene su origen en las diferencias de cada persona, en atención no ya a la naturaleza de la circunstancia a la que pertenece, o a la naturaleza particular que la caracteriza, sino a la necesidad que su propia existencia formula y exige, tal sería el caso de quien menos tiene y más necesita, frente al del que más tiene y menos necesita.

En este segundo caso, corresponde a la sociedad, al Estado y al Derecho establecer los mecanismos compensatorios para aquellos que más necesitan. La desigualdad de trato a favor del más necesitado conduce al establecimiento aproximado de un sistema de igualdad.

A diferencia de las dos anteriores, la tercera forma de desigualdad proviene de la injusticia y arbitrariedad del sistema político, económico y social. En el caso, por ejemplo, que el poder en cada una de las expresiones anteriores, o en su conjunto, propiciara la discriminación, explotación y abuso sobre determinadas personas o grupos de personas, impidiéndoles ejercer los derechos para los que están plenamente facultadas por la ley.

Esta sería una circunstancia ante la cual se erige —no solo como un derecho sino como un deber—, la lucha política y social para establecer las condiciones generales que permitan restituir la dignidad jurídica y moral de la persona y la ciudadanía.

Cabe aclarar, no obstante, que trato desigual no significa siempre injusticia, —como en el caso de la tercera forma de desigualdad que acabamos de ver—, sino que puede también significar una acción preferencial y compensatoria para el que menos tiene y más necesita. Es decir, un reconocimiento de la diferencia entre personas o grupo de personas, en virtud del cual se establece un mecanismo desigual nivelador, que tiende más bien a eliminar o atenuar la situación injusta de desigualdad preexistente, al dar más al que tiene menos y menos al que tiene más.

Como síntesis de los expuesto, podríamos decir que las regulaciones al principio de igualdad no lo trasgreden, sino mas bien contribuyen a su realización. Las regulaciones al principio de igualdad tienen un doble carácter: como compensación y como límite. En el primer caso, como compensación, tratan de evitar la injusticia que surge del déficit de facultades y posibilidades que afecta a la persona que debería tener derecho a ellas. En el segundo caso, como límite, trata de evitar los poderes excesivos que concentra o puede concentrar una persona, en detrimento de los derechos de los demás. En consecuencia, en ambos casos se busca evitar la injusticia, sea por defecto o por exceso.

A partir de lo expuesto podríamos decir que no tiene ninguna fundamentación la afirmación que sostiene que el artículo 147 de nuestra Constitución Política, viola el principio de igualdad al prohibir la reelección del Presidente de la República, en las circunstancias que el mismo artículo determina.

Dar como argumento la violación del principio de igualdad a partir de la comparación de esa situación con la de otros funcionarios, los diputados por ejemplo, es pretender asimilar en una sola categoría situaciones diferentes y fabricar una igualdad forzada y, por lo tanto, falsa.

Por el contrario, reglamentar la reelección como lo hace el artículo 147 de la Constitución, es evitar la perpetuación en el cargo y la creación de un poder excesivo que rompe el equilibrio entre gobernantes y gobernados y crea más bien la desigualdad fundada en la injusticia.

FUENTE:ALEJANDRO SERRAMO  /  LIC:RENE DAVILA  / 16060011

sábado, 16 de julio de 2011

Seis tesis sobre el pensamiento como problema



Comentario: Separar los pensamientos de un cuerpo, solo es posible cuando los pensadores empiezan a vivir de ellos.

Ningún cuerpo necesita salvadores. Ellos saben vivir, alimentarse, reproducirse, cagar y morir. Los cuerpos se desarrollan como ellos quieren. El pensamiento es el que los disciplina, los iguala y los distingue, según le convenga a sus regímenes de verdades disciplinarias.

2. El pensamiento no es abstracto, siempre tiene un lugar, un pensador y cuerpo que lo sostiene y del que no se puede separar. Comentario: La curva del pensamiento contemporáneo tiene tres etapas.

a) El dominio del pensamiento eurocéntrico que pasa de Descartes/Spinoza a Kant/ Hegel, y de estos a Heidegger/Nietzsche.

b) Etapa de descentramiento del eurocentrismo de Edward Said a Walter Mignolo. Los decoloniales, siguiendo a los postcoloniales, usarán la episteme de Foucault como base para denunciar el eurocentrismo, pero seguirán señalando al pensamiento (colocando la episteme por encima del locus que ellos mismos defienden) como solución, aunque para los postcoloniales sea apofático y para los decoloniales, “otro.”

c) El pensamiento será señalado como problema y los pensadores, como separaciones del mismo fenómeno, serán el objeto de examen, según Osho, J. Krishnamurti y U.G. Krishnamurti.

3. El dominio del pensamiento eurocéntrico continúa dominando, aún en sus rivales, no por eurocentrada, sino por pensamiento. Comentario: Los postmodernos empezaron a desmantelar el eurocentrismo al cuestionar las narrativas emancipatorias. Los postcoloniales, sus herederos escépticos de las colonias, solo expusieron cómo ven los europeos a sus objetos (colonias y sufrientes). Los decoloniales, por último, no pudieron ver que el pensamiento es la fuente de los campos de fuerza que él mismo genera y terminaron abrazando, por medio de la vieja filosofía de la sospecha, otra vez, la emancipación aborigen y afrodescendiente decolonial “liberadora”. Llaman a una segunda emancipación, no política y económica, como la primera, sino epistémica.

4. El mejor truco del pensamiento es hacernos creer que se nos adelanta cuando se sabe que siempre va detrás de los hechos al reflexionarlos . Comentario:

Las premisas, fundamentos, procedimientos, fines y, en general, toda la lógica del conocimiento moderno, reside en resolver problemas. Pensador que no resuelve problemas, pensador que no sirve. Pensamiento que empieza a dar más problemas de los que remedia, pensamiento que no sirve.

5. Son los pensadores los que separan el pensamiento de los cuerpos para reflexionar sobre él y luego hacer de ello su oficio. Comentario: Si el pensamiento es el problema (Krishnamurti), entonces los nuevos enemigos de nuestra era son los intelectuales. La escritura empezó a ser el vehículo favorito de la intelectualidad moderna. Derrotó a otros saberes. La verdadera patria de todo intelectual es la escritura; las demás patrias, ellos las ocupan para traicionarlas, o defenderlas, enviando a morir a otros.

6. Un supermestizo, al contrario del mestizo epidérmico, provincializa en su cabeza a Europa y deja entrar a todos los demás saberes, sean de donde sean, por razones estratégicas. Comentario:

¿Por qué es asimétrica la relación entre el nirvana (Buda), el satori (Zen) y el wu wei (Tao) con respecto al aufhebung (Hegel), al bedeutung (Husserl) y al denkwürdig (Heidegger)? ¿Qué hace que una se imponga a las otras?

martes, 5 de julio de 2011

EL SER HUMANO CON CARACTER PSICOSOCIAL.

Para reconstruir esta sociedad, que se ha vuelto ciega frente a lo trascendente, es momento que la persona piense y reflexione sobre sí misma, sobre cómo vive, sobre sus decisiones. Hay que rescatar la dimensión espiritual del hombre.

Querer ser mejores personas implica una coherencia de vida, una integridad humana que esté tan calada en nuestro interior que no permita claudicación alguna. Lo que propongo es una ética centrada en la apertura externa del ser humano. Para fomentar el cultivo del carácter social del hombre es menester terminar con la cultura del individualismo. La calidad moral de nuestras obras determina el legado humano que cada uno deja para la sociedad, para los demás.

Lo contrario del amor no es solo el odio sino el egoísmo. El amor es el núcleo de todo auténtico humanismo. La persona ha nacido para amar; si no ama su vida no tiene sentido alguno. La mayor paz que se genera en la persona es aquella que obtiene consigo misma, con los demás y con Dios.

La persona está llamada a bajar del balcón de la arrogancia, de la soberbia, de la mentira, de la envidia, del egoísmo. Los enemigos principales del hombre son la falsedad y el mal. Hay que acercar al hombre con la verdad. Este encuentro le exige una conversión profunda, le plantea una nueva forma de vivir y ver las cosas.

A la persona se le demanda una nueva actitud frente a la vida. No importa si algún día caemos, lo importante es volvernos a levantar. Hay que sustituir la palabra “caída” por la palabra “cambio”. La palabra clave en todo error es “aprender”. Debemos enseñar a las personas a superar el fracaso. Cada obstáculo que se le presenta al hombre es una oportunidad y una prueba para demostrar su integridad. El desafío moral es enfrentar y derribar ese miedo a ser diferentes.

El carácter determina en buena parte el protagonismo en el cambio de la propia vida, es él quien permite adueñarme del manejo de las circunstancias o dejarme llevar por ellas. Por ello, el mejor reto de la educación consiste que la persona quiera el bien y aborrezca el mal. Porque elegir lo bueno implica reafirmar lo que somos. La clave primordial de la ética es aprender a elegir el bien. Libertad y responsabilidad no se contraponen sino que se complementan.

En esta sociedad en la que las medias palabras valen más que las verdades, hay que exigir la abolición de la maledicencia, la calumnia, la deshonra. Por tanto la educación de la palabra es hoy una tarea decisiva. El desafío ético de la persona es saber navegar en medio de tantas tempestades que ponen a prueba su talante moral.

La calidad humana hay que medirla en función de lo que se es y no de lo que se tiene, de lo que se hace o de lo que se dice. Hay que propiciar la cultura de la excelencia. Mejorar nuestra capacidad de medir las consecuencias de lo que hacemos. La sociedad actual exige personas que sean capaces de tener la suficiente humildad para reconocer sus errores y fortaleza para corregirlos. No basta con entender la vida, hay que saber vivirla. Es la persona quien decide responder a la pregunta de la vida, nadie puede sustituirla en dicho intento.

LIC:RENE DAVILA /05060011

domingo, 3 de julio de 2011

Pueblo, derecho y poder

 Releyendo el excelente libro de mi amigo, el destacado filósofo mexicano, Luis Villoro, El poder y el valor , publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1997, me vienen a la mente numerosas reflexiones acerca del poder, e inevitablemente sobre el derecho y el pueblo, los que se presentan estrechamente relacionados.

Las consideraciones y conclusiones que planteo sobre el tema no deben hacerse necesariamente extensivas a Villoro y más bien las presento como de mi exclusiva responsabilidad, aunque indudablemente motivadas por su libro y, por supuesto, por la realidad contemporánea.

El tema del poder surge de nuevo a partir de la corriente del llamado socialismo del siglo XXI, en la que se percibe una tendencia claramente autoritaria que se pretende justificar en nombre del pueblo, aunque este no sea más que un referente demagógico para tratar de legitimar los usos y abusos de su ejercicio.

En sus orígenes el poder surge como un acto de fuerza en el llamado estado de naturaleza anterior al Estado, al derecho y, por lo tanto al contrato social. El poder en el momento de su nacimiento no busca legalizarse y legitimarse, simplemente actúa y somete a quien lo padece a partir de su propio peso y de conformidad a sus propias posibilidades.

La guerra de todos contra todos de la que habla Hobbes en Leviatán hizo que tanto opresores como oprimidos buscaran un acuerdo mediante el cual se establecieran derechos y deberes, tanto para el individuo como para el grupo, lo que pasaba necesariamente por un mecanismo de limitación y control del poder, que era el precio que este tenía que pagar para ser reconocido por toda la colectividad.

El poder, cuya fuente y origen es el pueblo, pasa así a formar parte de esa nueva estructura que es el Estado y del sistema normativo que lo regula, que es el derecho. El pueblo es la fuente del poder y la soberanía, lo mismo que de los derechos y deberes de todos y cada uno de los componentes de la sociedad expresados en el contrato social, el que adquiere su expresión normativa en la Constitución y el sistema legal, cuya aplicación y observancia debe ser garantizada por ese aparato institucional denominado Estado. Esta fue la idea del contractualismo racionalista y la Ilustración que dio pie a la construcción de la modernidad; fue el núcleo del pensamiento de Rousseau expresado en el Contrato Social.

Estas ideas de la modernidad se han visto cuestionadas por dos corrientes opuestas entre sí, pero que coinciden en un punto fundamental: la reafirmación del poder en sí mismo. Por una parte, a nivel mundial, las teorías del mercado total, llamado también “Monoteísmo de mercado”, por Roger Garaudy, e “Idolatría de mercado”, por Franz Hinkelammert, en su crítica radical a las mismas. Las teorías del mercado absoluto, han pretendido someter la política, el derecho, el Estado, la cultura, la ética y todas las manifestaciones individuales y sociales a las leyes de mercado, asumidas, intencionadamente, como expresiones del derecho natural, tal es la denominación que se le ha dado a la ley de la oferta y la demanda, pretendidamente autónoma, pero desconociendo deliberadamente los ideólogos de esta corriente, que detrás de las oscilaciones de los precios y detrás del funcionamiento mismo de la ley de la oferta y la demanda, se encuentra la especulación de los sujetos económicos y financieros, que reducen o aumentan el flujo de productos en el mercado.

Por la otra parte, a nivel de algunos países de América Latina y en un sentido general completamente opuesto al anterior, el llamado socialismo del siglo XXI pretende recuperar la idea y la práctica del poder por el poder mismo, en las personas de los caudillos que lo ejercen, tergiversando el sentido político, filosófico y jurídico de las instituciones que establecen los principios de legalidad y legitimidad del poder, hasta tanto puedan cambiar estas instituciones por otras que reafirmen esa idea y con ella su poder personal.

Se dice que el pueblo es presidente, pero en realidad lo que se está diciendo es que el presidente es el pueblo, fuente y origen en sí mismo del poder y la soberanía, transfiriendo de esa manera la idea de pueblo, de la colectividad al sujeto unipersonal que ejerce el poder. El pueblo viene de esa forma sustituido en su identidad y función histórica, transformado en masa destinada a ratificar las decisiones que el gobernante toma en tanto se considera a sí mismo el verdadero pueblo.

De ahí proviene la manipulación de los conceptos contenidos en la teoría fundamental del derecho, mediante la cual, la expresión de Kelsen, que dice que todo acto estatal es un acto jurídico, ha sido interpretada y aplicada en la práctica de forma tal que se afirma que lo que hace el poder es legítimo y legal por el hecho mismo de su fuente y proveniencia, siendo que el principio en cuestión lo que afirma es todo lo contrario, es decir que todo acto del Estado, para ser considerado como tal, es decir como un acto estatal, tiene que ser necesariamente un acto jurídico, estar de acuerdo a la Constitución y las leyes, pues de lo contrario será simplemente un acto de fuerza, ilegal e ilegítimo. Este es el principio del Estado de Derecho que establece la subordinación del poder a la ley.

Por lo tanto, la actuación del Estado o es un acto jurídico legítimo, o, en caso contrario, es un acto de fuerza, un atropello. La teoría del contrato social sustituyó el “derecho de la fuerza” por la “fuerza del derecho”. Es el paso del estado de naturaleza a la sociedad política. En el contrato social cada quien busca garantizar su interés particular en el interés general. El bien común es la verdadera garantía de los derechos individuales. El autócrata en cambio pretende que su interés particular represente el interés general.

En el fondo esto es lo que está detrás de todos los abusos de poder. Tratar de legitimar lo ilegítimo, tratar de legalizar lo ilegal, al asumir que el propio gobernante es la fuente del poder y la soberanía pues él es el pueblo. De esta forma vemos que el poder del gobernante ya no proviene del pueblo, sino el pueblo del poder del gobernante, de la misma manera que el poder ya no proviene del derecho, sino el derecho del poder.

Todo esto significa la intención de demoler la sociedad política creada con el contrato social y regresar, consciente o inconscientemente, al estado de naturaleza en el que priva la fuerza sobre el derecho y en el que el gobernante, devenido pueblo, es en sí mismo la fuente de todo poder.

autor:alejandro serrano  / RENE DAVILA / 03060011

miércoles, 29 de junio de 2011

LA VIDA ES EL PROCESO BIOLOGICO ANTES DE LA MUERTE.


No existe ni destino ni fatalismo alguno ni designio providencial o de condena. Somos como somos y con estos medios alumbraremos lo mejor de nuestras capacidades. La felicidad es lo que nos sucede mientras la estamos buscando.

Cuenta La Bruyère que para el hombre solo hay tres sucesos importantes: nacer, vivir y morir. No se da cuenta de que nace, se espanta de la muerte y se olvida de vivir.

De que hay vida antes de la muerte, y lo lógico sería que este pensamiento fuera el que presidiera nuestras acciones, en lugar de seguir angustiados por si hay vida después de la muerte. ¿Alguien echa de menos o sufre por lo que “fuera” antes de nacer?

De que podríamos transformar nuestra mente y constatar que la felicidad es ausencia de miedo así como la belleza es ausencia del dolor, se ocupa Eduardo Punset en su delicioso libro Excusas para no pensar. Cómo nos enfrentamos a las incertidumbres de nuestra vida.

Reflexiona acerca de lo que les pasa a los demás por dentro: las causas del desamor y sus efectos. Es un recorrido apasionante por diferentes itinerarios de la vida: las emociones, el cerebro, los cambios, el aprendizaje, el origen del Universo, el poder… Bucea en las claves que mueven el mundo, y nos aporta reflexiones claras, amenas y al alcance de todos.

Porque no hay excusas para no pensar y para no cambiar de opinión y de actitud sin ser esclavos de la educación y de la costumbre.

En estos tiempos de conmoción, de pérdida de referentes y de desesperanza; en este cambio de Era que exige sacrificios insoportables a los dioses que nos hemos inventado para que nos hicieran desdichados; las nuevas tecnologías de la información y la expansión del conocimiento nos han hecho testigos de un nuevo mundo que exige instrumentos adecuados para su expresión pero del que todavía no sabemos el nombre. Y las cosas no son hasta que les damos nombre. Carlomagno no sabía que vivía en la Edad Media.

Comprobar que los antiguos sistemas, las hegemonías que se adueñaron durante siglos de mentes, de tierras y de vidas, se desmoronan y nadie se atrevía a alzarse desenmascarando su falacia y su tiranía, ha despertado la indignación de millones de personas.

Y se han lanzado a las calles, no para tomarlas, sino para transformar las plazas en espacios de encuentro y de reflexión compartida. Alzaron la enseña de la paz como fruto de la justicia, se produjeron con la no violencia y han atraído la atención y el respeto de millones de personas.

Es demasiado hermoso para que esquiroles nos lo revienten.

De ahí que pensadores y analistas nos animen a reflexionar y a romper con los sistemas inoperantes, con dogmas e ideologías que decían poder explicarlo todo.

Es preciso atrevernos a pensar, a dialogar, a conocernos.

¿Cómo se toma una decisión, realmente?, ¿de qué manera gestionamos nuestras emociones?, se pregunta Punset, ¿por qué van a disminuir los índices de violencia en el planeta y aumentar los de altruismo?

No existe ni destino ni fatalismo ni designio providencial o de condena. Los otros no son el infierno, ni somos un error de la computadora. Somos como somos, y con estos medios alumbraremos lo mejor de nuestras capacidades.

Podemos cambiar de vida para explorar mejor las incertidumbres que nos acosan
Que estamos programados genética y cerebralmente, dice el autor, es cierto, pero programado para ser únicos, porque nos habíamos olvidado del impacto neuronal de la experiencia individual. Nosotros podemos influir en nuestra mente. No están el presente ni el mañana escritos.

Que la felicidad es lo que nos sucede mientras la estamos buscando. Está en nosotros mismos y en relaciones personales, control de la propia vida, saber sumergirse y disfrutar del flujo de la vida. No podemos ignorar el bienestar oculto en los senderos que llevan a ella. El cerebro, más que buscar la verdad, lo que quiere es sobrevivir; por eso nos resistimos ante cualquier suceso inesperado, la disonancia cognoscitiva, porque nos atemoriza.

Hemos considerado que la inteligencia era patrimonio de los seres humanos, no de los animales. Pero depende de estas tres condiciones: flexibilidad que les permita cambiar de opinión, capacidad para diseñar representaciones mentales que permiten intuir lo que va a ocurrir y si son o no innovadores.

No es tanto la disponibilidad de recursos como el conocimiento necesario para progresar.

Que la capacidad de concentración, la vocación de resolver problemas, la voluntad de trabajar en equipo, desarrollar la inteligencia social y aprender a gestionar emociones son los instrumentos de la nueva educación.

“Que el cerebro tiene sexo y que los varones irrumpen en la pubertad más tarde que las mujeres y se comportan toda la vida como si tuvieran doce años”, y alerta Punset que solo en la prevención inteligente podremos superar el colapso de las prestaciones sanitaria, educativas y de seguridad ciudadana en un mundo cada vez más globalizado, y lleno de esperanzas.

LIC.RENE DAVILA.  /  28060011

domingo, 19 de junio de 2011

LATINOAMERICA Y EL SENTIDO DE LA RAZON FILOSOFICA.

El Volumen III de mis OBRAS, dedica en su primera parte, varios de los escritos sobre América Latina, en el contenidos a lo que concierne a la razón o mejor aún, a su ausencia en el proceso de formación de los Estados naciones latinoamericanos, a eso que Octavio Paz denominó: la falta del siglo XVIII en nuestro desarrollo histórico. Contiene además, en su segunda parte, trabajos sobre los acontecimientos políticos en Nicaragua en la década de los 80 y nuestra propuesta de “La Nicaragua Posible” en los primeros años de los 90, a los que haremos referencia en otra ocasión.

La Independencia de los países de América Latina, guardando las diferencias necesarias entre cada uno de esos eventos, marcó un momento inicial todavía presente en los acontecimientos históricos y políticos de la actualidad. Las primeras décadas del siglo XIX latinoamericano se vieron sacudidas por las luchas de independencia contra el imperio español, enarbolando las consignas de la Ilustración que florecieron en Europa, principalmente en Francia durante el siglo XVIII, sin que los cambios en la razón y en el pensamiento que condujeron a las revoluciones europeas se hubieran producido en América Latina.

Antes de la ocurrencia de los hechos políticos que cambiaron la historia de Europa y del mundo, se dio un profundo proceso de transformaciones filosóficas en el que la razón adquirió, como nunca, desde la Atenas de Sócrates en el siglo V antes de Jesucristo, una relevancia determinante en el acontecer histórico y en la vida de la sociedad europea.

Un proceso de cambios profundos en cuya raíz se encontraba la razón filosófica, marcó el rumbo de su historia. La revolución en la ciencia y la filosofía con Galileo y Descartes, y la revolución industrial que se produjo como consecuencia de la aplicación de la técnica más avanzada de esa época en los procesos económicos y productivos condujeron a la revolución política fundada en la razón, la libertad, la voluntad e igualdad entre los seres humanos. Su aplicación no podía menos que trastocar todos los referentes de la Edad Media, el feudalismo, el sistema corporativo artesanal y la monarquía absoluta que pretendía derivar la legitimidad del poder de la potestad divina.

El pensamiento filosófico y jurídico de la Ilustración va a establecer una cadena de causas y efectos mediante los cuales, y solo mediante ellos, el poder se justifica a través de su legalidad y legitimidad. Viendo este proceso en forma retroactiva, el poder resulta de la ley, de lo que la ley dice que es el poder y sus atribuciones; la ley, de la voluntad general de la sociedad; la voluntad general del cuerpo comunitario proviene del contrato social en el que se establecen los derechos y deberes de todos y cada uno de sus componentes, los derechos y deberes de los valores y principios, del ethos, de la ética que está en la raíz originaria de esa cadena de causas y efectos que va llevar a la idea y a la realidad del poder cuya justificación está en la ley y en todas las causas que la legitiman, anteriores a su existencia y validez formal.

El Estado—nación surgido en el siglo XIX latinoamericano, va en cambio a adoptar sin adaptar las líneas fundamentales del derecho constitucional europeo, copiando en nuestras constituciones las ideas principales del derecho público derivado de la revolución filosófica del Racionalismo y la Ilustración. Igualdad ante la ley, generalidad y universalidad de ésta, separación de poderes, subordinación del poder a ley, jerarquía de la norma jurídica, supremacía de la Constitución política, son entre otros los principios básicos del nuevo derecho público, provenientes de las transformaciones filosóficas, políticas y sociales de la sociedad europea.

En América Latina no se dio el proceso de transformación filosófica ni la revolución racionalista que incidió no solo en las categorías del pensamiento sino también en los valores y principios y las estructuras políticas y sociales. De modo que la adopción del nuevo derecho público, que en Europa había sido la síntesis jurídica, política e institucional de los cambios producidos, en Latinoamérica se trasladó a las constituciones sin ese soporte racional, histórico y cultural sobre el vacío dejado por la falta de integración de dos mundos no solo diferentes sino también contradictorios. El mundo económico, social y cultural y el mundo jurídico.

Por una parte la modernidad legal y constitucional y por la otra, la pre modernidad de una sociedad sin cambios verdaderos y que continuaba situada en el feudalismo y la Edad Media. Sobre ese vacío y esa contradicción se instaló el quehacer político y en ese nuevo escenario continuó el poder de la oligarquía terrateniente la que a la vez que conservó el dominio económico con las mismas o muy parecidas características de la estructura colonial, asumió el control del aparato del Estado, aparentando una modernidad que solo existía en los textos legales para conservar el poder feudal de la época anterior, sustituyendo el colonialismo externo por un verdadero colonialismo interno. La táctica fue la de decir lo que no se hace para hacer, lo que no se dice.

Pero el poder total, teocrático y colonial, no existía más en su forma originaria. Aunque no se puede descartar el elemento ideológico en los planteamientos de las corrientes liberales y positivistas, la verdadera lucha fue la lucha por el poder político, buscado afanosamente tanto por las tendencias conservadoras, originariamente en el poder que sucedió a la colonia, como por las tendencias liberales que reprodujeron el nuevo catecismo de la Ilustración, mientras económicamente iban también consolidando su poder económico.

De la teocracia, en la que se expresaba la síntesis de la Iglesia, la corona y la oligarquía, formada por peninsulares y criollos, se pasó a la anarquía producida por el combate entre liberales y conservadores, por la búsqueda del aparato político para fortalecer el aparato económico. Ausente de este escenario el proceso de racionalización e internalización del poder como una función delegada por el pueblo a sus representantes y regida en forma estricta por el sistema jurídico a partir del principio de subordinación del poder a la ley, el poder fue visto exclusivamente como un hecho de fuerza y audacia en el que todo está permitido para conseguirlo, conservarlo y fortalecerlo. Una aplicación no explícita y sin reconocimiento específico del principio de Maquiavelo de que el fin justifica los medios.

El caudillismo, la arbitrariedad, la reelección para perpetuarse en el poder y la guerra civil como forma de hacer la historia y ejercer la política van a ser desde entonces las características dominantes de nuestros procesos políticos, hasta que se vaya creando una educación y forjándose una cultura en la que el poder sea lo que la ley dice que es, la ley sea la expresión normativa de la voluntad colectiva, las instituciones, la causa y el cauce del poder para el que el derecho es un sistema de límites que hace posible la eficacia de los derechos y garantías fundamentales de la persona y la existencia de una auténtica ciudadanía.

fuente.la prensa.  /ALEJANDRO SERRANO CALDERA. / 17060011

jueves, 16 de junio de 2011

EL TERMINO INTELIGENCIA PARA ISAC ASIMOV.

¿Qué es la inteligencia?

Interesante punto de vista sobre la inteligencia extractado de la autobiografía del Dr.Isaac Asimov. Una persona con un coeficiente intelectual bastante superior a la media y probablemente el escritor de ciencia ficción más importante que ha dado la literatura.
Dice de Doctor en sus memorias:
Cuando estaba en el ejército realice una de esas pruebas de aptitud intelectual, esas que todos los soldados realizan. Mi puntuación fue de 160, es decir, 60 puntos por encima del normal. Nunca antes alguien había obtenido un resultado  así, y por esta razón durante dos horas hicieron un gran alboroto festejando mi logro (Esto no significo ninguna mejora para mi situación militar. Al día siguiente yo estaba en la cocina cumpliendo normalmente mi deber)."
Toda mi vida he registrado puntuaciones similares a la descripta, así que tengo la sensación interna de que soy muy inteligente. Sin embargo estos índices lo único que significan en realidad, es que soy muy bueno en contestar el tipo de preguntas académicas que se consideran dignas, y que fueron realizadas por las personas que "inventan" las pruebas de inteligencia  (¿personas con inclinaciones intelectuales similares a los mías?)
Una vez conocí a un mecánico de automóviles que de acuerdo a mi estimación no podría superar los 80 puntos en esas pruebas de inteligencia. Siempre di por sentado que era mucho más inteligente que el. Sin embargo, cuando algo funcionaba mal, lo miraba con ansiedad mientras exploraba las entrañas de mi automóvil y escuchaba sus declaraciones como si fueran oráculos divinos.
Pues bien, supongamos que mi mecánico de automóviles hubiese diseñado las preguntas para una prueba de inteligencia. O supongamos que un carpintero las formule, o un agricultor, o, de hecho, cualquiera que no fuese un académico. Seguramente no podría superarlas.
Si en este mundo yo no pudiese utilizar mi formación académica, mi talento verbal, y tendría que realizar tareas complicadas con mis manos, seguramente lo haría mal.
Mi inteligencia, entonces, no es absoluta, sino que es una función de la sociedad en que vivimos y el hecho de que una pequeña porción de la sociedad ha logrado imponer a los demás, cuales son las "normas" como un árbitro de esos asuntos.
Retomando el tema de mi mecánico, el tenía la costumbre de contarme chistes cada vez que me veía. Una vez levanto la cabeza de debajo del capó del automóvil para decirme: "Doc, un chico sordomudo  entró en una ferretería a pedir unos clavos. Puso dos dedos juntos sobre el mostrador y luego hizo un movimiento de martillar con la otra mano. El empleado le trajo un martillo. Sacudió la cabeza y señaló a los dos dedos que estaba martillando. El empleado le trajo los clavos. Escogió el tamaño que quería, y se fue. Bueno, doctor, el siguiente tipo que entró fue un ciego. Quería tijeras. ¿Cómo cree que le preguntó por ellas? "
Indulgentemente levante la mano derecha e hice un movimientos de tijeras los dos primeros dedos. Acto seguido mi mecánico se rió ruidosamente y dijo: "Él usó su voz y pidió por unas tijeras". Luego, con aire de suficiencia, dijo: "Durante todo el día me he burlado de mis clientes".  ¿Lo han acertado muchos? le pregunté. "Muy pocos", dijo, "pero estaba seguro de que Ud. caería en la trampa." ¿Por qué esa suposición? le pregunté. "Porque eres tan educado, doc, que sabía que no podría ser muy inteligente ".
Y tengo la incómoda sensación de que en su afirmación había algo de cierto...
Isaac Asimov (1920 -1992 )
FUENTE:LARESERVA  /  LIC:RENE DAVILA  /  16060011

domingo, 5 de junio de 2011

La timidez afecta tu vida laboral, social, afectiva y personal


La mayoría de las personas tímidas tienden a tener un comportamiento que les mantiene en la sombra, intentando pasar desapercibidos, sin embargo, hay ocasiones en que la carga de frustración e ira causada por el rechazo (real o imaginario) de los demás, provoca agresividad e importantes trastornos psicológicos. Veamos algunos casos.
Para evitar sentirse inseguro ante los demás, este tipo de persona adopta una actitud arrogante y agresiva. Ordena e insulta, desprecia a los demás, invade su espacio de forma amenazante. Con su conducta logra que no se burlen de él y consigue provocar el suficiente miedo. Sin embargo, debajo de esa máscara hay una persona insegura que no es capaz de enfrentarse a alguien que le responda y demuestre no temerle.
La timidez se encuentra detrás de algunos casos de maltrato. Estas personas, sufren el rechazo y las burlas fuera de su entorno familiar (en el trabajo, con los amigos…). Esto provoca mucha agresividad en ellos encontrando salida en el ambiente que se sienten seguros y poderosos (en casa, con su mujer, con sus más íntimos). También se vuelven dependientes de las personas que maltratan. Las necesitan al punto de sentir terror ante la posibilidad de ser abandonados. Por ello, suelen tener celos enfermizos.
Una persona (normalmente adolescentes varones), que se sienten rechazados por los demás carece de contactos, por lo que se encuentra totalmente aislada. Este aislamiento hace que vayan acumulando agresividad hacia los demás, al punto de considerarse el único ser importante muy por encima de los demás.

Un tímido en el trabajo, igual a pocas oportunidades
Ser tímido puede afectarnos en nuestro entorno laboral, no solo en la manera como nos encontramos con nuestros compañeros a gusto o no, sino que además puede limitar y disminuir nuestro desarrollo dentro de ese puesto de trabajo.
Hablaremos primero del desempeño de las funciones del puesto de trabajo. Una persona tímida destina parte de su energía a pensar en si estará haciendo las cosas mal, si los compañeros estarán criticándole, si se sentirá muy angustiado en la próxima reunión Toda esa carga de ansiedad le impide concentrarse en sus labores y desempeñarse eficientemente.
La timidez también puede frenar las labores de nuestro puesto en las que esté involucrada una relación social. Una persona tímida será menos eficaz a la hora de hacer una reclamación o responder por ella, al tener que mantener contactos con personas ajenas, ya sea por vía telefónica o cara a cara. En las reuniones de trabajo, no se atreverá a aportar nada positivo, ya que estará más pendiente de los pensamientos de su cabeza que le dicen que no hable y se exponga al ridículo. Todas esas conductas pueden hacer que la persona tímida sea valorada por su jefe y compañeros como poco implicada, ausente, desinteresada, torpe  etcétera.
A la hora de una promoción dentro de la misma empresa o cambio de trabajo, las personas tímidas se ven coartadas, pues eso significaría abandonar el ambiente en el que se mueven y que pueden haber llegado a considerar seguro. Por ello, muchas personas dejan pasar las oportunidades importantes, ocultándose bajo el miedo que les produce tener que conocer a un nuevo jefe, nuevos compañeros, nuevos clientes.
Todos estos problemas pueden hacer que la persona tímida no se sienta valorada en su puesto, que no disfrute del ambiente de trabajo y que se quede atascada en un puesto que puede estar por debajo de sus capacidades.
 Timidez y vida amorosa
Los problemas no terminan para una persona tímida cuando consigue entablar una relación sentimental. A partir de ese momento, perseguida por sus pensamientos negativos y la inseguridad que siente acerca de su propia valía, puede hacer que viva atemorizada porque la otra persona la abandone.
La persona tímida puede pensar que no aporta nada valioso a la relación, que no merece el amor de la otra persona y que, por lo tanto, solo es cuestión de tiempo para que la persona amada se dé cuenta y le abandone.
Sentimientos de inferioridad con consecuencias fatales
Sumisión: La persona tímida se coloca en una situación de inferioridad. Puede intentar convertirse en la pareja perfecta, cumplir con todos los deseos de la otra persona, comportarse y opinar como el otro quiere. Pueden hacer o aceptar cualquier cosa por no perder a la persona amada por considerar que no la merecen y que nunca encontrarían a otra pareja.
Comportamiento artificial: En su búsqueda por la perfección  ante el ser amado, asumirán el papel que creen que la otra persona demanda. Por ello, nunca se comportarán de una manera natural, ni disfrutarán realmente de la relación.
Celos patológicos: El miedo a que la otra persona se dé cuenta de su poca valía y los cambie por alguien mejor, puede llegar a volverle obsesivo y controlador.
Todas estas conductas pueden llegar a ser agobiantes y hacer que ambos miembros den por terminada la relación. Esto hace que los miedos de la persona tímida se hagan realidad, es decir, que ellos mismos acaban consiguiendo que la otra persona se canse, tal a como temían, y los abandone. Esto reforzará sus miedos de cara a relaciones futuras y puede sumirles en pensamientos de culpa y episodios depresivos.La Clínica San Francisco ofrece los días jueves consultas a precios reducidos para personas de escasos recursos.
 Reflexión:
La timidez no tratada puede causarte serias complicaciones en tu vida personal y en la relación con los demás. Si estás pasando por una situación similar busca ayuda para comprender muchas cosas y mejorar tu calidad de vida.

LIC.RENE DAVILA /05060011

“La naturaleza del hombre es la historia”, dice Hegel;

Es sabido que la historia es un proceso de continuidades y rupturas, de afirmaciones y negaciones, es decir, de cambios a través de los cuales se va realizando la experiencia y la propia identidad del ser humano. “La naturaleza del hombre es la historia”, dice Hegel; “el hombre no tiene naturaleza sino historia”, afirma José Ortega y Gasset.


Siguiendo el desarrollo de esa idea, cabría preguntarse acerca de los cambios en la historia y quizás la respuesta haría referencia a la característica misma de las sociedades y comunidades, cambiantes por definición y cuyas transformaciones producen los hechos y acontecimientos históricos. Pero aun aceptando el cambio como parte de la propia naturaleza de la sociedad, surgiría de nuevo la pregunta referida al porqué este se produce. La respuesta podría indicar que ello se debe a que los valores sociales, políticos y culturales que constituyen una determinada comunidad humana en el tiempo y en el espacio, no son inmutables al paso del tiempo y a la modificación de la circunstancia y lugar en que ocurren. Pero aun así se podrían plantear de nuevo varias preguntas, entre ellas, al menos dos, referidas al porqué cambian esos valores y a la forma como se producen esos cambios.

La filosofía de la historia enseña que los cambios se producen como consecuencia de las contradicciones que existen en la sociedad. Cada situación produce su propia contradicción, cada tesis su antítesis. Del choque de los contrarios, que no es una acción mecánica sino dialéctica, surge el resultado correspondiente, la síntesis de la que habrán de derivarse nuevas situaciones y procesos. Así, por ejemplo, el sistema feudal, eminentemente agrario, tuvo su contradicción en el régimen artesanal de la ciudad, cuyos componentes provinieron del campo, como consecuencia de las contradicciones y luchas entre los señores feudales y los siervos de la gleba, la mano de obra campesina. De ahí surgió el sistema corporativo que coexistió con el feudalismo y que fue, poco a poco, arraigándose y desarrollando hasta transformarse en la estructura económica y social predominante.

La aparición e inserción en los procesos económicos y productivos de la máquina movida por la fuerza del hombre a mediados del siglo XVI, primero, y la máquina a vapor, después, en el siglo XVIII, ocasionó la transformación del corporativismo en capitalismo industrial. En estos procesos, particularmente en el que produce la Revolución Industrial del siglo XVIII, ha estado presente un elemento clave para la transformación estructural de la sociedad y el sistema: la razón.

El racionalismo de Descartes, (1596,1650) (pienso luego existo), y poco antes el de Galileo (1564,1642), en lo que concierne a la aplicación de la razón a la ciencia, produjo la revolución racionalista que transformó cualitativamente, no solo la filosofía y la ciencia, sino también la sociedad, la economía, el derecho, el Estado, la política y la idea del poder con las dos grandes revoluciones europeas, la inglesa de 1688 y la francesa de 1789, es decir, produjo más que “cambios en el mundo”, un verdadero “cambio de mundo”.

La razón fue así el factor esencial del cambio y el motor que movió y profundizó las contradicciones de la sociedad del siglo XVIII. En este complejo proceso, el derecho vino a ser la expresión normativa y coercitiva de los cambios, la última fase y la verdadera síntesis de ese movimiento de transformación que se inició con la filosofía y la ciencia, siguió con la economía, la sociedad y el Estado, en un movimiento de interacción e influencia recíproca, y culminó con el sistema jurídico, a cuyas normas y regulaciones debía someterse la política, en general, y el ejercicio del poder, en particular. Desde este punto de vista, el derecho se instituyó como un sistema de límites al poder.

Cuando se dio la independencia de España y el nacimiento del Estado Nación en los países de América Latina, se adoptó, en buena parte, el sistema jurídico y político contenido en las constituciones europeas, principalmente en la Constitución francesa, sin haberse producido la revolución racionalista que se dio en Europa, ni las transformaciones económicas, sociales y políticas que de ella derivaron, y que culminaron en el sistema jurídico como síntesis y última etapa de todo el proceso de cambios.

FUENTE ALEJANDRO SERRANO.     /LIC:RENE DAVILA /05060011


lunes, 30 de mayo de 2011

CREES QUE LO QUE DICES ESTA COMPROBADO?

Algunas personas, cuando hablan, lo hacen con tal convicción que para interrumpir momentáneamente su inacabable discurso suelo preguntarles: “¿Eso qué dices está comprobado?”. Su actitud pasa, en un instante, de un desenfrenado optimismo a una mueca de pocos amigos; ni siquiera se habían planteado que, en la medida de lo posible, las hipótesis que uno adelanta debieran haber sido probadas.

Quiero decir que la mayor parte de las veces, si uno lo pensara, lo mejor sería callarse o, cuando menos, adelantar que lo que iba a decir no estaba totalmente probado. Todo, menos hacer gala de una gran seguridad agresiva al hablar de un tema determinado, no porque hubiera sido sobradamente probado, sino porque esa era su convicción pura y simple.
Tres cuartas partes de la humanidad se pasan la vida recordando en voz alta el talante de sus convicciones; para ellos, no tuvo ninguna influencia sobre la cultura humana la revolución científica; es decir, la sugerencia de que, antes de articular una opinión, lo más correcto era adelantar una hipótesis, intentar comprobarla luego y, si resultaba probado, emitir la conclusión en forma de conocimiento, hasta que otros más tarde demostraran lo contrario.

El paso del tiempo es igual en todo el planeta pero no en todo el Universo (imagen: usuario de Flickr).
La dimensión temporal del espacio es uno de los conceptos más complejos; los niños no dominan esta dimensión hasta que tienen casi los cuatro años. Igualito que un gusano, resulta que un niño de tres años ya gestiona la dimensión espacial de ir para adelante y atrás; la de ir de un lado a otro y, finalmente, cuando ha crecido lo suficiente para caerse un día de la cuna, la última dimensión espacial, de arriba abajo.
Ahora bien, está lejos todavía de dominar la dimensión del tiempo; a los tres años sigue sin saber si los Reyes Magos ya han pasado o están a punto de llegar. A los cuatro años –yo lo he descubierto con mis nietas– ya dominan perfectamente las tres dimensiones espaciales y la cuarta del tiempo. Pues bien, el más renombrado de los científicos, Isaac Newton, declaró, porque creía haberlo demostrado irrevocablemente, que el tiempo era absoluto en el sentido de que era idéntico para todo el mundo. Ya podía uno ponerse como se le antojara que el tiempo seguía siendo lo que era, hiciera uno lo que hiciera. Otro científico no menos reconocido universalmente como el gran sabio de Occidente Albert Einstein descubrió, y pudo comprobar, que el tiempo era relativo; que dependía de la velocidad a la que iba uno y de la masa gravitatoria que lo envolvía. El tiempo no era absoluto.
Tres cuartas partes de la humanidad no se han parado a pensar si se han comprobado o no cosas mucho más sencillas que la naturaleza del tiempo. Comparado con la complejidad de la dimensión temporal –que no hemos tenido más remedio que cambiar a raíz de comprobar que no era absoluta, sino relativa–, resulta mucho más sencillo comprobar de quién es la culpa del elevadísimo índice de paro entre los jóvenes, por qué los electores han cambiado de parecer con relación al pasado, cuáles son las motivaciones concretas de nuestro endeudamiento exterior, las causas que pueden adjudicarse a defectos de las políticas inmobiliarias o de las deficiencias de las políticas de prevención y previsión en la tragedia de Lorca. Es incomparablemente más fácil detectar las dimensiones apuntadas que descubrir la compleja dimensión temporal.
Tres cuartas partes de los ciudadanos, sin embargo, se obstinan en aducir su pertenencia al sector público, o a la empresa privada, o alguna convicción que sustentan desde que eran pequeñitos –“yo siempre he pensado…”–, dicen, como si esto tuviera más fuerza y mereciera más respeto que lo probado y comprobado mil veces.                                                                                                                        
LIC:RENE DAVILA /30050011