miércoles, 29 de junio de 2011

LA VIDA ES EL PROCESO BIOLOGICO ANTES DE LA MUERTE.


No existe ni destino ni fatalismo alguno ni designio providencial o de condena. Somos como somos y con estos medios alumbraremos lo mejor de nuestras capacidades. La felicidad es lo que nos sucede mientras la estamos buscando.

Cuenta La Bruyère que para el hombre solo hay tres sucesos importantes: nacer, vivir y morir. No se da cuenta de que nace, se espanta de la muerte y se olvida de vivir.

De que hay vida antes de la muerte, y lo lógico sería que este pensamiento fuera el que presidiera nuestras acciones, en lugar de seguir angustiados por si hay vida después de la muerte. ¿Alguien echa de menos o sufre por lo que “fuera” antes de nacer?

De que podríamos transformar nuestra mente y constatar que la felicidad es ausencia de miedo así como la belleza es ausencia del dolor, se ocupa Eduardo Punset en su delicioso libro Excusas para no pensar. Cómo nos enfrentamos a las incertidumbres de nuestra vida.

Reflexiona acerca de lo que les pasa a los demás por dentro: las causas del desamor y sus efectos. Es un recorrido apasionante por diferentes itinerarios de la vida: las emociones, el cerebro, los cambios, el aprendizaje, el origen del Universo, el poder… Bucea en las claves que mueven el mundo, y nos aporta reflexiones claras, amenas y al alcance de todos.

Porque no hay excusas para no pensar y para no cambiar de opinión y de actitud sin ser esclavos de la educación y de la costumbre.

En estos tiempos de conmoción, de pérdida de referentes y de desesperanza; en este cambio de Era que exige sacrificios insoportables a los dioses que nos hemos inventado para que nos hicieran desdichados; las nuevas tecnologías de la información y la expansión del conocimiento nos han hecho testigos de un nuevo mundo que exige instrumentos adecuados para su expresión pero del que todavía no sabemos el nombre. Y las cosas no son hasta que les damos nombre. Carlomagno no sabía que vivía en la Edad Media.

Comprobar que los antiguos sistemas, las hegemonías que se adueñaron durante siglos de mentes, de tierras y de vidas, se desmoronan y nadie se atrevía a alzarse desenmascarando su falacia y su tiranía, ha despertado la indignación de millones de personas.

Y se han lanzado a las calles, no para tomarlas, sino para transformar las plazas en espacios de encuentro y de reflexión compartida. Alzaron la enseña de la paz como fruto de la justicia, se produjeron con la no violencia y han atraído la atención y el respeto de millones de personas.

Es demasiado hermoso para que esquiroles nos lo revienten.

De ahí que pensadores y analistas nos animen a reflexionar y a romper con los sistemas inoperantes, con dogmas e ideologías que decían poder explicarlo todo.

Es preciso atrevernos a pensar, a dialogar, a conocernos.

¿Cómo se toma una decisión, realmente?, ¿de qué manera gestionamos nuestras emociones?, se pregunta Punset, ¿por qué van a disminuir los índices de violencia en el planeta y aumentar los de altruismo?

No existe ni destino ni fatalismo ni designio providencial o de condena. Los otros no son el infierno, ni somos un error de la computadora. Somos como somos, y con estos medios alumbraremos lo mejor de nuestras capacidades.

Podemos cambiar de vida para explorar mejor las incertidumbres que nos acosan
Que estamos programados genética y cerebralmente, dice el autor, es cierto, pero programado para ser únicos, porque nos habíamos olvidado del impacto neuronal de la experiencia individual. Nosotros podemos influir en nuestra mente. No están el presente ni el mañana escritos.

Que la felicidad es lo que nos sucede mientras la estamos buscando. Está en nosotros mismos y en relaciones personales, control de la propia vida, saber sumergirse y disfrutar del flujo de la vida. No podemos ignorar el bienestar oculto en los senderos que llevan a ella. El cerebro, más que buscar la verdad, lo que quiere es sobrevivir; por eso nos resistimos ante cualquier suceso inesperado, la disonancia cognoscitiva, porque nos atemoriza.

Hemos considerado que la inteligencia era patrimonio de los seres humanos, no de los animales. Pero depende de estas tres condiciones: flexibilidad que les permita cambiar de opinión, capacidad para diseñar representaciones mentales que permiten intuir lo que va a ocurrir y si son o no innovadores.

No es tanto la disponibilidad de recursos como el conocimiento necesario para progresar.

Que la capacidad de concentración, la vocación de resolver problemas, la voluntad de trabajar en equipo, desarrollar la inteligencia social y aprender a gestionar emociones son los instrumentos de la nueva educación.

“Que el cerebro tiene sexo y que los varones irrumpen en la pubertad más tarde que las mujeres y se comportan toda la vida como si tuvieran doce años”, y alerta Punset que solo en la prevención inteligente podremos superar el colapso de las prestaciones sanitaria, educativas y de seguridad ciudadana en un mundo cada vez más globalizado, y lleno de esperanzas.

LIC.RENE DAVILA.  /  28060011

domingo, 19 de junio de 2011

LATINOAMERICA Y EL SENTIDO DE LA RAZON FILOSOFICA.

El Volumen III de mis OBRAS, dedica en su primera parte, varios de los escritos sobre América Latina, en el contenidos a lo que concierne a la razón o mejor aún, a su ausencia en el proceso de formación de los Estados naciones latinoamericanos, a eso que Octavio Paz denominó: la falta del siglo XVIII en nuestro desarrollo histórico. Contiene además, en su segunda parte, trabajos sobre los acontecimientos políticos en Nicaragua en la década de los 80 y nuestra propuesta de “La Nicaragua Posible” en los primeros años de los 90, a los que haremos referencia en otra ocasión.

La Independencia de los países de América Latina, guardando las diferencias necesarias entre cada uno de esos eventos, marcó un momento inicial todavía presente en los acontecimientos históricos y políticos de la actualidad. Las primeras décadas del siglo XIX latinoamericano se vieron sacudidas por las luchas de independencia contra el imperio español, enarbolando las consignas de la Ilustración que florecieron en Europa, principalmente en Francia durante el siglo XVIII, sin que los cambios en la razón y en el pensamiento que condujeron a las revoluciones europeas se hubieran producido en América Latina.

Antes de la ocurrencia de los hechos políticos que cambiaron la historia de Europa y del mundo, se dio un profundo proceso de transformaciones filosóficas en el que la razón adquirió, como nunca, desde la Atenas de Sócrates en el siglo V antes de Jesucristo, una relevancia determinante en el acontecer histórico y en la vida de la sociedad europea.

Un proceso de cambios profundos en cuya raíz se encontraba la razón filosófica, marcó el rumbo de su historia. La revolución en la ciencia y la filosofía con Galileo y Descartes, y la revolución industrial que se produjo como consecuencia de la aplicación de la técnica más avanzada de esa época en los procesos económicos y productivos condujeron a la revolución política fundada en la razón, la libertad, la voluntad e igualdad entre los seres humanos. Su aplicación no podía menos que trastocar todos los referentes de la Edad Media, el feudalismo, el sistema corporativo artesanal y la monarquía absoluta que pretendía derivar la legitimidad del poder de la potestad divina.

El pensamiento filosófico y jurídico de la Ilustración va a establecer una cadena de causas y efectos mediante los cuales, y solo mediante ellos, el poder se justifica a través de su legalidad y legitimidad. Viendo este proceso en forma retroactiva, el poder resulta de la ley, de lo que la ley dice que es el poder y sus atribuciones; la ley, de la voluntad general de la sociedad; la voluntad general del cuerpo comunitario proviene del contrato social en el que se establecen los derechos y deberes de todos y cada uno de sus componentes, los derechos y deberes de los valores y principios, del ethos, de la ética que está en la raíz originaria de esa cadena de causas y efectos que va llevar a la idea y a la realidad del poder cuya justificación está en la ley y en todas las causas que la legitiman, anteriores a su existencia y validez formal.

El Estado—nación surgido en el siglo XIX latinoamericano, va en cambio a adoptar sin adaptar las líneas fundamentales del derecho constitucional europeo, copiando en nuestras constituciones las ideas principales del derecho público derivado de la revolución filosófica del Racionalismo y la Ilustración. Igualdad ante la ley, generalidad y universalidad de ésta, separación de poderes, subordinación del poder a ley, jerarquía de la norma jurídica, supremacía de la Constitución política, son entre otros los principios básicos del nuevo derecho público, provenientes de las transformaciones filosóficas, políticas y sociales de la sociedad europea.

En América Latina no se dio el proceso de transformación filosófica ni la revolución racionalista que incidió no solo en las categorías del pensamiento sino también en los valores y principios y las estructuras políticas y sociales. De modo que la adopción del nuevo derecho público, que en Europa había sido la síntesis jurídica, política e institucional de los cambios producidos, en Latinoamérica se trasladó a las constituciones sin ese soporte racional, histórico y cultural sobre el vacío dejado por la falta de integración de dos mundos no solo diferentes sino también contradictorios. El mundo económico, social y cultural y el mundo jurídico.

Por una parte la modernidad legal y constitucional y por la otra, la pre modernidad de una sociedad sin cambios verdaderos y que continuaba situada en el feudalismo y la Edad Media. Sobre ese vacío y esa contradicción se instaló el quehacer político y en ese nuevo escenario continuó el poder de la oligarquía terrateniente la que a la vez que conservó el dominio económico con las mismas o muy parecidas características de la estructura colonial, asumió el control del aparato del Estado, aparentando una modernidad que solo existía en los textos legales para conservar el poder feudal de la época anterior, sustituyendo el colonialismo externo por un verdadero colonialismo interno. La táctica fue la de decir lo que no se hace para hacer, lo que no se dice.

Pero el poder total, teocrático y colonial, no existía más en su forma originaria. Aunque no se puede descartar el elemento ideológico en los planteamientos de las corrientes liberales y positivistas, la verdadera lucha fue la lucha por el poder político, buscado afanosamente tanto por las tendencias conservadoras, originariamente en el poder que sucedió a la colonia, como por las tendencias liberales que reprodujeron el nuevo catecismo de la Ilustración, mientras económicamente iban también consolidando su poder económico.

De la teocracia, en la que se expresaba la síntesis de la Iglesia, la corona y la oligarquía, formada por peninsulares y criollos, se pasó a la anarquía producida por el combate entre liberales y conservadores, por la búsqueda del aparato político para fortalecer el aparato económico. Ausente de este escenario el proceso de racionalización e internalización del poder como una función delegada por el pueblo a sus representantes y regida en forma estricta por el sistema jurídico a partir del principio de subordinación del poder a la ley, el poder fue visto exclusivamente como un hecho de fuerza y audacia en el que todo está permitido para conseguirlo, conservarlo y fortalecerlo. Una aplicación no explícita y sin reconocimiento específico del principio de Maquiavelo de que el fin justifica los medios.

El caudillismo, la arbitrariedad, la reelección para perpetuarse en el poder y la guerra civil como forma de hacer la historia y ejercer la política van a ser desde entonces las características dominantes de nuestros procesos políticos, hasta que se vaya creando una educación y forjándose una cultura en la que el poder sea lo que la ley dice que es, la ley sea la expresión normativa de la voluntad colectiva, las instituciones, la causa y el cauce del poder para el que el derecho es un sistema de límites que hace posible la eficacia de los derechos y garantías fundamentales de la persona y la existencia de una auténtica ciudadanía.

fuente.la prensa.  /ALEJANDRO SERRANO CALDERA. / 17060011

jueves, 16 de junio de 2011

EL TERMINO INTELIGENCIA PARA ISAC ASIMOV.

¿Qué es la inteligencia?

Interesante punto de vista sobre la inteligencia extractado de la autobiografía del Dr.Isaac Asimov. Una persona con un coeficiente intelectual bastante superior a la media y probablemente el escritor de ciencia ficción más importante que ha dado la literatura.
Dice de Doctor en sus memorias:
Cuando estaba en el ejército realice una de esas pruebas de aptitud intelectual, esas que todos los soldados realizan. Mi puntuación fue de 160, es decir, 60 puntos por encima del normal. Nunca antes alguien había obtenido un resultado  así, y por esta razón durante dos horas hicieron un gran alboroto festejando mi logro (Esto no significo ninguna mejora para mi situación militar. Al día siguiente yo estaba en la cocina cumpliendo normalmente mi deber)."
Toda mi vida he registrado puntuaciones similares a la descripta, así que tengo la sensación interna de que soy muy inteligente. Sin embargo estos índices lo único que significan en realidad, es que soy muy bueno en contestar el tipo de preguntas académicas que se consideran dignas, y que fueron realizadas por las personas que "inventan" las pruebas de inteligencia  (¿personas con inclinaciones intelectuales similares a los mías?)
Una vez conocí a un mecánico de automóviles que de acuerdo a mi estimación no podría superar los 80 puntos en esas pruebas de inteligencia. Siempre di por sentado que era mucho más inteligente que el. Sin embargo, cuando algo funcionaba mal, lo miraba con ansiedad mientras exploraba las entrañas de mi automóvil y escuchaba sus declaraciones como si fueran oráculos divinos.
Pues bien, supongamos que mi mecánico de automóviles hubiese diseñado las preguntas para una prueba de inteligencia. O supongamos que un carpintero las formule, o un agricultor, o, de hecho, cualquiera que no fuese un académico. Seguramente no podría superarlas.
Si en este mundo yo no pudiese utilizar mi formación académica, mi talento verbal, y tendría que realizar tareas complicadas con mis manos, seguramente lo haría mal.
Mi inteligencia, entonces, no es absoluta, sino que es una función de la sociedad en que vivimos y el hecho de que una pequeña porción de la sociedad ha logrado imponer a los demás, cuales son las "normas" como un árbitro de esos asuntos.
Retomando el tema de mi mecánico, el tenía la costumbre de contarme chistes cada vez que me veía. Una vez levanto la cabeza de debajo del capó del automóvil para decirme: "Doc, un chico sordomudo  entró en una ferretería a pedir unos clavos. Puso dos dedos juntos sobre el mostrador y luego hizo un movimiento de martillar con la otra mano. El empleado le trajo un martillo. Sacudió la cabeza y señaló a los dos dedos que estaba martillando. El empleado le trajo los clavos. Escogió el tamaño que quería, y se fue. Bueno, doctor, el siguiente tipo que entró fue un ciego. Quería tijeras. ¿Cómo cree que le preguntó por ellas? "
Indulgentemente levante la mano derecha e hice un movimientos de tijeras los dos primeros dedos. Acto seguido mi mecánico se rió ruidosamente y dijo: "Él usó su voz y pidió por unas tijeras". Luego, con aire de suficiencia, dijo: "Durante todo el día me he burlado de mis clientes".  ¿Lo han acertado muchos? le pregunté. "Muy pocos", dijo, "pero estaba seguro de que Ud. caería en la trampa." ¿Por qué esa suposición? le pregunté. "Porque eres tan educado, doc, que sabía que no podría ser muy inteligente ".
Y tengo la incómoda sensación de que en su afirmación había algo de cierto...
Isaac Asimov (1920 -1992 )
FUENTE:LARESERVA  /  LIC:RENE DAVILA  /  16060011

domingo, 5 de junio de 2011

La timidez afecta tu vida laboral, social, afectiva y personal


La mayoría de las personas tímidas tienden a tener un comportamiento que les mantiene en la sombra, intentando pasar desapercibidos, sin embargo, hay ocasiones en que la carga de frustración e ira causada por el rechazo (real o imaginario) de los demás, provoca agresividad e importantes trastornos psicológicos. Veamos algunos casos.
Para evitar sentirse inseguro ante los demás, este tipo de persona adopta una actitud arrogante y agresiva. Ordena e insulta, desprecia a los demás, invade su espacio de forma amenazante. Con su conducta logra que no se burlen de él y consigue provocar el suficiente miedo. Sin embargo, debajo de esa máscara hay una persona insegura que no es capaz de enfrentarse a alguien que le responda y demuestre no temerle.
La timidez se encuentra detrás de algunos casos de maltrato. Estas personas, sufren el rechazo y las burlas fuera de su entorno familiar (en el trabajo, con los amigos…). Esto provoca mucha agresividad en ellos encontrando salida en el ambiente que se sienten seguros y poderosos (en casa, con su mujer, con sus más íntimos). También se vuelven dependientes de las personas que maltratan. Las necesitan al punto de sentir terror ante la posibilidad de ser abandonados. Por ello, suelen tener celos enfermizos.
Una persona (normalmente adolescentes varones), que se sienten rechazados por los demás carece de contactos, por lo que se encuentra totalmente aislada. Este aislamiento hace que vayan acumulando agresividad hacia los demás, al punto de considerarse el único ser importante muy por encima de los demás.

Un tímido en el trabajo, igual a pocas oportunidades
Ser tímido puede afectarnos en nuestro entorno laboral, no solo en la manera como nos encontramos con nuestros compañeros a gusto o no, sino que además puede limitar y disminuir nuestro desarrollo dentro de ese puesto de trabajo.
Hablaremos primero del desempeño de las funciones del puesto de trabajo. Una persona tímida destina parte de su energía a pensar en si estará haciendo las cosas mal, si los compañeros estarán criticándole, si se sentirá muy angustiado en la próxima reunión Toda esa carga de ansiedad le impide concentrarse en sus labores y desempeñarse eficientemente.
La timidez también puede frenar las labores de nuestro puesto en las que esté involucrada una relación social. Una persona tímida será menos eficaz a la hora de hacer una reclamación o responder por ella, al tener que mantener contactos con personas ajenas, ya sea por vía telefónica o cara a cara. En las reuniones de trabajo, no se atreverá a aportar nada positivo, ya que estará más pendiente de los pensamientos de su cabeza que le dicen que no hable y se exponga al ridículo. Todas esas conductas pueden hacer que la persona tímida sea valorada por su jefe y compañeros como poco implicada, ausente, desinteresada, torpe  etcétera.
A la hora de una promoción dentro de la misma empresa o cambio de trabajo, las personas tímidas se ven coartadas, pues eso significaría abandonar el ambiente en el que se mueven y que pueden haber llegado a considerar seguro. Por ello, muchas personas dejan pasar las oportunidades importantes, ocultándose bajo el miedo que les produce tener que conocer a un nuevo jefe, nuevos compañeros, nuevos clientes.
Todos estos problemas pueden hacer que la persona tímida no se sienta valorada en su puesto, que no disfrute del ambiente de trabajo y que se quede atascada en un puesto que puede estar por debajo de sus capacidades.
 Timidez y vida amorosa
Los problemas no terminan para una persona tímida cuando consigue entablar una relación sentimental. A partir de ese momento, perseguida por sus pensamientos negativos y la inseguridad que siente acerca de su propia valía, puede hacer que viva atemorizada porque la otra persona la abandone.
La persona tímida puede pensar que no aporta nada valioso a la relación, que no merece el amor de la otra persona y que, por lo tanto, solo es cuestión de tiempo para que la persona amada se dé cuenta y le abandone.
Sentimientos de inferioridad con consecuencias fatales
Sumisión: La persona tímida se coloca en una situación de inferioridad. Puede intentar convertirse en la pareja perfecta, cumplir con todos los deseos de la otra persona, comportarse y opinar como el otro quiere. Pueden hacer o aceptar cualquier cosa por no perder a la persona amada por considerar que no la merecen y que nunca encontrarían a otra pareja.
Comportamiento artificial: En su búsqueda por la perfección  ante el ser amado, asumirán el papel que creen que la otra persona demanda. Por ello, nunca se comportarán de una manera natural, ni disfrutarán realmente de la relación.
Celos patológicos: El miedo a que la otra persona se dé cuenta de su poca valía y los cambie por alguien mejor, puede llegar a volverle obsesivo y controlador.
Todas estas conductas pueden llegar a ser agobiantes y hacer que ambos miembros den por terminada la relación. Esto hace que los miedos de la persona tímida se hagan realidad, es decir, que ellos mismos acaban consiguiendo que la otra persona se canse, tal a como temían, y los abandone. Esto reforzará sus miedos de cara a relaciones futuras y puede sumirles en pensamientos de culpa y episodios depresivos.La Clínica San Francisco ofrece los días jueves consultas a precios reducidos para personas de escasos recursos.
 Reflexión:
La timidez no tratada puede causarte serias complicaciones en tu vida personal y en la relación con los demás. Si estás pasando por una situación similar busca ayuda para comprender muchas cosas y mejorar tu calidad de vida.

LIC.RENE DAVILA /05060011

“La naturaleza del hombre es la historia”, dice Hegel;

Es sabido que la historia es un proceso de continuidades y rupturas, de afirmaciones y negaciones, es decir, de cambios a través de los cuales se va realizando la experiencia y la propia identidad del ser humano. “La naturaleza del hombre es la historia”, dice Hegel; “el hombre no tiene naturaleza sino historia”, afirma José Ortega y Gasset.


Siguiendo el desarrollo de esa idea, cabría preguntarse acerca de los cambios en la historia y quizás la respuesta haría referencia a la característica misma de las sociedades y comunidades, cambiantes por definición y cuyas transformaciones producen los hechos y acontecimientos históricos. Pero aun aceptando el cambio como parte de la propia naturaleza de la sociedad, surgiría de nuevo la pregunta referida al porqué este se produce. La respuesta podría indicar que ello se debe a que los valores sociales, políticos y culturales que constituyen una determinada comunidad humana en el tiempo y en el espacio, no son inmutables al paso del tiempo y a la modificación de la circunstancia y lugar en que ocurren. Pero aun así se podrían plantear de nuevo varias preguntas, entre ellas, al menos dos, referidas al porqué cambian esos valores y a la forma como se producen esos cambios.

La filosofía de la historia enseña que los cambios se producen como consecuencia de las contradicciones que existen en la sociedad. Cada situación produce su propia contradicción, cada tesis su antítesis. Del choque de los contrarios, que no es una acción mecánica sino dialéctica, surge el resultado correspondiente, la síntesis de la que habrán de derivarse nuevas situaciones y procesos. Así, por ejemplo, el sistema feudal, eminentemente agrario, tuvo su contradicción en el régimen artesanal de la ciudad, cuyos componentes provinieron del campo, como consecuencia de las contradicciones y luchas entre los señores feudales y los siervos de la gleba, la mano de obra campesina. De ahí surgió el sistema corporativo que coexistió con el feudalismo y que fue, poco a poco, arraigándose y desarrollando hasta transformarse en la estructura económica y social predominante.

La aparición e inserción en los procesos económicos y productivos de la máquina movida por la fuerza del hombre a mediados del siglo XVI, primero, y la máquina a vapor, después, en el siglo XVIII, ocasionó la transformación del corporativismo en capitalismo industrial. En estos procesos, particularmente en el que produce la Revolución Industrial del siglo XVIII, ha estado presente un elemento clave para la transformación estructural de la sociedad y el sistema: la razón.

El racionalismo de Descartes, (1596,1650) (pienso luego existo), y poco antes el de Galileo (1564,1642), en lo que concierne a la aplicación de la razón a la ciencia, produjo la revolución racionalista que transformó cualitativamente, no solo la filosofía y la ciencia, sino también la sociedad, la economía, el derecho, el Estado, la política y la idea del poder con las dos grandes revoluciones europeas, la inglesa de 1688 y la francesa de 1789, es decir, produjo más que “cambios en el mundo”, un verdadero “cambio de mundo”.

La razón fue así el factor esencial del cambio y el motor que movió y profundizó las contradicciones de la sociedad del siglo XVIII. En este complejo proceso, el derecho vino a ser la expresión normativa y coercitiva de los cambios, la última fase y la verdadera síntesis de ese movimiento de transformación que se inició con la filosofía y la ciencia, siguió con la economía, la sociedad y el Estado, en un movimiento de interacción e influencia recíproca, y culminó con el sistema jurídico, a cuyas normas y regulaciones debía someterse la política, en general, y el ejercicio del poder, en particular. Desde este punto de vista, el derecho se instituyó como un sistema de límites al poder.

Cuando se dio la independencia de España y el nacimiento del Estado Nación en los países de América Latina, se adoptó, en buena parte, el sistema jurídico y político contenido en las constituciones europeas, principalmente en la Constitución francesa, sin haberse producido la revolución racionalista que se dio en Europa, ni las transformaciones económicas, sociales y políticas que de ella derivaron, y que culminaron en el sistema jurídico como síntesis y última etapa de todo el proceso de cambios.

FUENTE ALEJANDRO SERRANO.     /LIC:RENE DAVILA /05060011