domingo, 18 de septiembre de 2011

CAMBIO DE CONDUCTA HUMANA EN EL CONTEXTO ACTUAL.


Desde los  acontecimientos que el mundo sufrió a raíz de la Segunda Guerra Mundial, una serie de transformaciones, unas más visibles que otras, se han venido produciendo, hasta desembocar en la situación actual en donde la crisis presenta sus rasgos más contradictorios y agudos.

Un aspecto que revela lo que ocurre en la realidad, podemos apreciarlo en el plano intelectual e ideológico a través de la proliferación de ensayos de filosofía política, caracterizados, entre otras cosas, por la rara circunstancia de que una buena parte de estos provienen del sector ideológico, que convencionalmente se ha designado como la derecha. La derecha, se decía hasta hace poco tiempo, no tiene pensamiento sino intereses. La ideología era patrimonio de la izquierda.

El mundo ha cambiado pues no solo la derecha tiene pensamiento, sino que la izquierda tiene intereses. Claro que el fenómeno ha sido presentado como la derechización de la izquierda y no como la izquierdización de la derecha.

Personalmente no me agrada esta denominación porque las diferencias que usualmente han fijado no se refieren tanto a los contenidos reales de sus respectivas filosofías políticas, como a las caricaturas y deformaciones y al tratamiento peyorativo que cada una de ellas ha recibido desde la acera opuesta. Además, no es lo más riguroso que una ideología se caracterice históricamente por la ubicación geográfica que ocupaban los parlamentarios en la Asamblea, que se forma a raíz de la Revolución Francesa. La geografía no debe determinar la ideología.

En términos generales, las modas ideológicas han establecido que la derecha para afirmar la libertad sacrifica la igualdad, en tanto que la izquierda en busca de la igualdad sacrifica la libertad.

Pienso que en la actualidad, con la proliferación del populismo y de actitudes radicales de uno y otro lado, hay que esforzarse por demostrar que la lucha por la libertad y la lucha por la igualdad no solo no son incompatibles, sino que ambos términos son necesariamente complementarios, que lo que está ocurriendo y ha ocurrido, corresponde a la absolutización de los términos y que es tiempo de formular una teoría política integral que supere la teoría de las derechas y las izquierdas.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que el mundo vive ahora una situación diferente a aquella caracterizada por la lucha de las potencias hegemónicas; inclusive, diferente a la del último tramo del siglo XX, dominado por la ideología del mercado total, la desregulación de la economía y la privatización de los servicios públicos, entre ellos la salud y la educación. En este momento, aún y cuando se vive dentro de los marcos del capitalismo corporativo transnacional, de la incontrolada especulación financiera y de las ideas dominantes del absolutismo de mercado, algunas cosas han cambiado o están cambiando, una de ellas es el surgimiento de la ética de la responsabilidad social corporativa.

Por un lado la situación revela la complejidad de los problemas que agobian al sistema, cuyo estado crítico persiste desde el 2008. Las dimensiones de los mismos han afectado los principales indicadores de las grandes potencias económicas, creando déficits internos que a veces parecen insalvables. Los programas sociales se han visto profundamente afectados, y el impacto de la situación repercute sobre las organizaciones comunitarias, como la Unión Europea, por ejemplo, y sobre algunos países de esa organización, como los casos de España, Portugal, Grecia y más recientemente Italia.

Por otra parte, la crisis en el mundo árabe, Túnez, Egipto, Yemen, Siria, Libia, es de una complejidad tal, que es difícil y arriesgado pretender establecer con precisión las causas de las convulsiones políticas que sacuden a estos países. No obstante, en forma aproximativa podría indicarse, que una pluralidad de factores inciden en ella.

Desde esa perspectiva podríamos señalar factores políticos que exigen la sustitución de los caudillos y el caudillismo, la transformación de una cultura patriarcal y autocrática del poder, por otra basada en la alternabilidad, el Estado de Derecho y la democracia.

Desde el punto de vista económico y social, la crisis de la calidad de la vida, vivienda, alimentación, salud, educación, empleo, crean una situación de tensión que desemboca en la inestabilidad y la confrontación. La exigencia de una democracia, no solo política sino también económica y social, son causas importantes en la configuración de la situación analizada.

Además de lo jurídico, político, económico y social, no puede obviarse el problema religioso y cultural, en el que diferentes visiones de la religión, la ética y la cultura, se confrontan en la lucha por hacer prevalecer una sociedad moderna o por afianzar y profundizar tradiciones fundamentalistas.

Un factor principal en todo este complejo sistema de problemas, lo constituye la existencia e influencia de la tecnología, Internet, celulares y redes sociales, que inevitablemente conducen a la caracterización de una sociedad cibernética universal, que en no pocos casos, choca con el mundo de las tradiciones religiosas, políticas y culturales.

Ante una situación semejante, creo que esta crisis mundial requiere de un acuerdo planetario que funde la coexistencia entre los pueblos, culturas y civilizaciones en un nuevo contrato social sustentado en la interculturalidad.

Se está viviendo un momento de disociación, contradicción y conflicto que exige para su superación de un acuerdo universal. El momento es tan crítico, aunque quizás menos dramático, que aquel que enfrentó la humanidad al concluir la Segunda Guerra Mundial. La Organización de Naciones Unidas fue la respuesta integral a ese momento trágico y desolador, pues significó la identificación de las bases posibles para sustentar a una doliente humanidad, y la construcción de una ética de los valores y de una filosofía moral, fundadas sobre los principios de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, del 10 de diciembre de 1948.

El momento actual exige acuerdos nacionales, regionales y mundiales que permitan establecer principios comunes en medio de las diferencias y contradicciones, para sustentar sobre ellos la sociedad que debe emerger de la crisis y reafirmar los valores de libertad, dignidad y justicia.
CREDITO: ALEJANDRO SERRANO /  LIC: RENE DAVILA /15090011