miércoles, 21 de diciembre de 2011

En un interesante artículo, Paul Allen, (cofundador de Microsoft y creador del Allen Institute for Brain Science entre cuyos proyectos está el Allen Brain Atlas) pone en duda las afirmaciones de Ray Kurzweil sobre la Singularidad. Según Allen, la Singularidad no está cerca. Admite que la Singularidad llegará, que es posible comprender por completo el cerebro y que los nuevos sistemas de hardware y software nos deslumbran a todos. Pero sostiene que la comprensión de los sistemas naturales y muy especialmente el cerebro avanza despacio y serán necesarios nuevos enfoques que aún hoy no vislumbramos. Frente a la Ley de los rendimientos acelerados de Kurzweil, Allen propone El freno de la complejidad.

Ley de los rendimientos acelerados
Kurzweil es el abanderado de la Singularidad. No es un visionario, sus predicciones se basan en datos estadísticos, es un reconocido científico, muchas de sus predicciones se han cumplido y hay que tener en cuenta lo que dice. Otra cosa es estar de acuerdo con él. Es autor de “La Singularidad está cerca” y la “Ley de los rendimientos acelerados”. En este ensayo postula lo siguiente:
Un análisis de la historia de la tecnología muestra que el cambio tecnológico es exponencial, al contrario de la visión ‘lineal intuitiva’ del sentido común. Así que no experimentaremos cien años de progreso en el siglo XXI, sino que serán más como 20.000 años de progreso (al ritmo de hoy). Los ‘rendimientos’, tales como la velocidad de los chips y la relación coste-efectividad, también se incrementarán exponencialmente. En el plazo de unas pocas décadas, la inteligencia de las máquinas sobrepasará la inteligencia humana, llevándonos a la singularidad (cambios tecnológicos tan rápidos y profundos que representen una ruptura en la estructura de la historia humana). Las consecuencias incluyen el surgimiento de inteligencia biológica y no biológica, software inmortal basado en humanos y niveles de inteligencia ultra-elevados que se expandirán hacia el universo a la velocidad de la luz.
Esta ley se basa en la ley de Moore que predice que cada 18 meses se duplica el número de transistores en un espacio dado (un chip). Sin embargo, la ley de Moore y la de los rendimientos acelerados son leyes empíricas. O dicho de otra forma, no son leyes y solo predicen el pasado. Funcionan hasta que dejan de hacerlo.

El freno de la complejidad

Paul Allen, con el mismo derecho, postula otra ley: El freno de la complejidad. Según esta:
A medida que avanzamos más y más en nuestra comprensión de los sistemas naturales, por lo general encontramos que requieren conocimientos más especializados para entenderlos, y nos vemos obligados a ampliar continuamente nuestras teorías científicas de una manera cada vez más compleja.
Paul Allen se opone a que la singularidad vaya a llegar pronto.
Aunque suponemos que este tipo de singularidad algún día ocurrirá, no creemos que este cerca. De hecho, creemos que será en una fecha muy lejana.
Un cerebro adulto es una cosa finita, por lo que su funcionamiento básico en última instancia, puede ser desvelado a través del esfuerzo humano. Pero si la singularidad llega en 2045, será debido a avances impredecibles, y no porque sea el resultado inevitable de un progreso exponencial producido por la ley de rendimientos acelerados.

Para que la Singularidad aparezca en 2045 no solo se necesita un hardware más potente en el que se ejecute el actual software más rápido. Es necesario crear un software mucho más inteligente lo que requiere un conocimiento de los fundamentos de la cognición humana de cuya cuya complejidad solo ahora comenzamos a ser conscientes. Ni el desarrollo de software ni el avance de la neurociencia se rigen por la ley de Moore.
Para que la singularidad ocurra en algún momento cerca de lo predicho por Kurzweil, será absolutamente necesario una aceleración masiva de nuestros avances científicos en la comprensión de todas las facetas del cerebro humano.
La complejidad del cerebro es simplemente impresionante. Cada estructura ha sido modelada con precisión durante millones de años de evolución para hacer algo en particular, sea lo que sea. No es como un ordenador, con miles de millones de transistores idénticos en las matrices de memoria regulares que son controlados por una CPU con unos pocos elementos diferentes. En el cerebro cada estructura individual y circuito neural ha sido refinado por separado por la evolución y el medio ambiente.
La investigación del cerebro obedece más bien a la ley del freno de la complejidad que a la ley de los rendimientos acelerados.
Allen habla también de las promesas de la Inteligencia Artificial IA. Aunque algunos inventos son sorprendentes como Watson, en general el progreso no ha sido en absoluto exponencial.
Aunque hemos aprendido mucho acerca de cómo construir sistemas individuales de AI que hacen cosas aparentemente inteligentes, nuestros sistemas han sido siempre frágiles - los límites de su rendimiento están rígidamente establecidos por sus supuestos internos y los algoritmos de la definición, no se pueden generalizar, y con frecuencia dan respuestas absurdas fuera de sus áreas de interés específicas. Un excelente programa de ordenador que juega al ajedrez , no puede aprovechar su habilidad para jugar otros juegos. Los mejores programas de diagnóstico médico contienen conocimientos inmensamente detallados del cuerpo humano, pero no pueden deducir que un trapecista tenga un gran sentido del equilibrio.
Al igual que en la neurociencia, el camino basado en la inteligencia artificial IA, para lograr la singularidad a nivel de la inteligencia computacional, parece requerir muchos más descubrimientos, algunas nuevas teorías con calidad de Premio Nobel y probablemente nuevos enfoques de investigación que son inconmensurables con lo que pensamos ahora. Este tipo de avances científicos básicos no se produce en una curva de crecimiento exponencial fiable.
Y concluye Paul Allen:
Lograr una comprensión científica completa de la cognición humana es uno de los problemas más difíciles que hay. Seguimos haciendo progresos alentadores. Pero hacia el final del siglo, en nuestra opinión, todavía nos estaremos preguntando si la singularidad está cerca.
Ray Kurzweil ha publicado su réplica en: Don’t Underestimate the Singularity donde básicamente se reafirma en la Ley de los rendimientos acelerados contrargumentando los puntos de Allen.

Más polémica. Kurzeil vs Myers

No es la primera vez que Kurzweil tiene que defender sus tesis. En una encendida polémica, Ray Kurzweil does not understand the brain, el biólogo PZ Myers pone en duda las opiniones de Kurzweil. Con réplica de Kurzweil y contratréplica de Myers
Algunas de las perlas de Myers
Por ingeniería inversa, quiere decir (Kurzweil) que vamos a ser capaces de escribir software que simule todas las funciones del cerebro humano
Tengo una muy buena idea de la inmensidad de lo que no entendemos acerca de cómo funciona el cerebro. Y si sólo entendemos una fracción de la funcionalidad del cerebro, eso hace que la ingeniería inversa sea extremadamente difícil.
El cerebro es un ordenador, y yo estoy en la parte que dice que no hay problema en principio en replicarlo artificialmente.
La ingeniería inversa del cerebro humano tiene complejidades que son enormemente subestimadas por Kurzweil, que demuestra poco conocimiento de cómo funciona el cerebro.
El problema es que él no ha proporcionado ninguna razón para especificar una fecha, que no sea su vago mantra de “crecimiento exponencial”. ¿Por qué no decir, 5 años? ¿Por qué no 50? El corazón del método de Kurzweil es tomar simplemente una fecha lo suficientemente lejana para que no podamos predecir que ocurrirá con los avances tecnológicos, y también que no sea probable que se enfrente con su incumplimiento frente a personas que le recuerden lo que dijo.
  1. Su argumento a favor de la simplicidad (según Kurzweil el cerebro es simple y modular) es profundamente erróneo e irrelevante.
  2. No ha hecho ninguna alegación cuantificable de lo mucho que sabemos sobre el cerebro en este momento y yo sostengo que sólo hemos arañado la superficie en las últimas décadas de investigación,
  3. “exponencial” no es una palabra mágica que resuelve todos los problemas (si pongo hoy un centavo en el banco no quiere decir que tendré un millón de dólares en el fondo de pensiones en 20 años).
  4. Kurzweil no ha proporcionado ninguna explicación de cómo va a ser la “ingeniería inversa” del cerebro humano.
CREDITO:ALT1040/ RENE DAVILA /191211

lunes, 19 de diciembre de 2011

LOS ACTOS Y CONSECUENCIA SON DEL CEREBRO?

Los recientes avances en neurociencia comienzan a tener implicaciones en los juicios y los sistemas legales. La poca fiabilidad de la memoria de los testigos, la utilización de escáner cerebral, el cerebro adolescente, la adicción a las drogas, o los cerebros con malformaciones plantean nuevos retos a la justicia. Y en un orden filosófico más profundo late la pregunta ¿Somos responsables de nuestros actos? En el reciente congreso de la Society for Neuroscience SfN, el más grande del mundo, se planteó el simposio “The Brain on Trial: Neuroscience and the Law”.

La memoria de los testigos

La reciente ejecución de Troy Davis se basó entre otras cosas en el testimonio de los testigos. Con el tiempo siete de los nueve testigos cambiaron su testimonio. La ronda de identificación fue irregular y parece que los recuerdos de los testigos fueron claramente contaminados.
En una serie de estudios clásicos Elizabeth Loftus demostró lo sencillo que es manipular los recuerdos. La memoria no es fotográfica, es siempre una reconstrucción, una recreación que se altera por las circunstancias del momento y las sucesivas invocaciones. Además es fabulativa: rellenamos las lagunas para relatar un recuerdo coherente. Algunos de los experimentos de Loftus son demostrativos. Después de ver un vídeo, se preguntó a unos sujetos experimentales ¿a qué velocidad iba el coche rojo al colisionar con el blanco? y a otros sujetos ¿a qué velocidad iba el coche rojo al machacar al blanco? Para los segundos, la velocidad era significativamente mayor. En otro de los estudios, se presentó a los sujetos informes por escrito de cuatro acontecimientos de su infancia. Uno era falso, pero contado por un familiar cercano. Un tercio de los sujetos afirmaban recordar el acontecimiento falso.
En otra serie de experimentos, los sujetos observaron a otros realizar unas acciones simple y ellos mismos realizaron otras. Al cabo de un tiempo, los sujetos no sabían cuales habían realizado ellos y cuales habían visto. Con frecuencia confundimos lo que nos ha sucedido, lo que hemos visto y lo que hemos imaginado.

El escáner cerebral

El polígrafo (también llamado detector de mentiras) se inventó en 1921. Se ha usado con frecuencia en los juicios y dependiendo de cada país se admite como prueba o no. El último en usarlo ha sido Alberto Contador.

El escáner cerebral mediante resonancia funcional magnética fMRI permite en esencia saber qué áreas del cerebro son más activas durante una determinada tarea. Es lo más próximo a leer la mente que existe. Es una poderosa herramienta aunque extraer conclusiones de un fMRI es muy debatible
Aunque aún está lejos de ser usado como prueba, según un juez de EE.UU:
Los datos no se pueden aceptar… porque no cumplen las directrices de evidencia científica… no obstante, la detección de mentiras basada en fMRI… es una metodología que puede ser considerada admisible en el futuro, después de mejorar las pruebas, el desarrollo y la revisión de expertos para aumentar su nivel.
El fMRI tiene otras implicaciones. Una de ellas es el estado de coma. Si el fMRI indica que un sujeto no está en coma ¿se le puede retirar la asistencia artificial que lo mantiene en vida?
Otra implicación de fMRI es la detección de anormalidades en el cerebro.

El cerebro criminal, adolescente o adicto

¿Existe un cerebro criminal? En general no, pero hay casos en que esta pregunta debe ser considerada. Como el caso de un profesor pedófilo con un tumor que perdió sus hábitos delictivos cuando este fue extirpado. Es raro encontrar una correlación tan clara, pero a veces ocurre. ¿Y en los psicópatas? Estos se caracterizan por tener poca empatía, por no ser capaces a ponerse en el lugar del otro. Tienen una amígdala (responsable de las emociones, ansiedad y miedo) menor aunque distinguen lo bueno de lo malo. El caso de los actos compulsivos es distinto: suelen ser personas con la corteza prefrontal (responsable de la planificación de los actos, pero también de la inhibición de los instintos) disminuida.
La adicción, causa de muchos delitos, secuestra el sistema de recompensas y conduce a una búsqueda compulsiva de la droga a pesar de las malas consecuencias que ello conlleve.
Especial relieve tiene el cerebro adolescente. El Tribunal Supremo de EE.UU ha decidido que no se puede condenar a pena capital a los adolescentes porque su cerebro es inmaduro. Y en efecto, el cerebro no para de madurar hasta los veinte años. Los adolescentes están aprendiendo las normas sociales y tienen dificultades para predecir las consecuencias de sus actos. En un estudió se mostró que tardan 300ms más que los adultos en decidir si algo es bueno o malo y las áreas cerebrales involucradas son muy distintas.

La réplica y el libre albedrío

La fMRI es una herramienta poderosa, pero las conclusiones extraídas a partir de ellas pueden resultar infundadas. Hoy es fácil confundir a un detector de mentiras ¿cómo? Pensando en otra cosa o simplemente pensando en mover un dedo.
¿Fue el cerebro o fue la persona la que cometió el crimen? Se trata de una falsa dicotomía: somos nuestro cerebro.
La ciencia puede proporcionar hechos, pero es la sociedad la que tiene que emitir un juicio sobre ellos.
En última instancia ¿somos responsables de nuestros actos? ¿existe el libre albedrío? Porque si la respuesta es no, ¿qué sentido tiene el castigo? Pero este es otro asunto.