jueves, 13 de septiembre de 2012

¿La ética kantiana como fin político?



“No es la conciencia de los hombres la que
determina la realidad; por el contrario, la
realidad social es la que determina su conciencia”.
Marx
El 7 de septiembre, en un artículo de opinión, titulado “Candidatos de paja”, Sofía Montenegro escribió en El Nuevo Diario una parte fundamental del pensamiento ético de Kant (sin ubicarlo coherentemente en el contexto de la evolución del pensamiento filosófico de la humanidad), con el cual pretendía soportar su crítica a la política deleznable del orteguismo, conocida como el “dedazo”, que convierte aún más abiertamente a esa organización política, en una estructura vertical absolutista, lejos del concepto de partido político, y muy similar a la que posee la iglesia católica (pero, sin concilios, ni cónclaves).
Al fin de cuentas, el orteguismo es un movimiento político ideológicamente muy pobre, con una historia muy efímera, y sin el vínculo providencial con una divinidad sobrenatural, que, en el caso de la iglesia católica es un supuesto apriorístico, una justificación metafísica trascendental del verticalismo. Lo que permite, conforme al derecho canónico, que la cúspide eclesiástica proclame artículos de fe, para cubrir vacíos racionales en el ejercicio de su poder material y espiritual.
Un tentativo semejante del orteguismo, lo aleja de una base de principios democráticos dentro de la organización, borra la existencia de estatutos, cuya esencia es la de regular los derechos y deberes de los miembros; debilita este movimiento, paradójicamente, ya que la centralización en torno al poder omnímodo unipersonal, es contraria a un fuerte desarrollo organizativo de masas; y lo sitúa a contrapelo de la historia y del desarrollo de la nación, dado que únicamente afirma el parasitismo de una burocracia que se considera independiente de las clases sociales, con fundamento objetivo en el atraso.
Doña Sofía –con una redacción simplista que no es la del filósofo- toma de Kant, fuera de contexto, el siguiente pensamiento:
“El filósofo Enmanuel Kant postuló que el ser humano tiene dignidad por el simple hecho de ser un ser racional, y que, por lo tanto, y acorde con el respeto que se merece esa dignidad, nunca debe ser utilizado como medio para nada, sino siempre como un fin en sí mismo.”
Con esta cita de Kant, mal redactada e inexacta, doña Sofía denuncia que moralmente los militantes del orteguismo son vistos como objetos, no como personas, como medios, no como fines; en fin, deshumanizados.
Sin percatarse, doña Sofía, de esta forma, convierte el imperativo categórico de Kant en un imperativo hipotético, ya que con él determina cómo debe operar moralmente un partido político, condenando así la manipulación que hace el orteguismo de sus miembros.
Pero, en mala hora, doña Sofía escogió apoyarse en la moral de Kant, no sólo porque él piensa que la mujer sea un ser inferior, sin derechos políticos, conforme su naturaleza, bella, pero, no sublime, como la naturaleza del varón (según sus palabras), destinada únicamente a la reproducción y a la crianza. Y, porque Kant es, ideológicamente racista. Sostenía que la humanidad existe en su perfección, en la raza blanca. Si no, porque, contradictoriamente, Kant, por su concepción filosófica de la historia, no puede inspirar la lucha de ningún partido político, por la emancipación social.
A la pregunta, ¿qué debo hacer?, Kant da una respuesta moral. Su filosofía sostiene que el hombre es un sujeto histórico pasivo. Es decir, que está inmerso dentro de un progreso de la naturaleza dirigido a cierto fin, que supera su conciencia. La acción humana no tiene por objeto –para Kant- el dominio de la naturaleza, sino, esencialmente, la libertad individual. Su acción emancipadora, por consiguiente, viene trazada por el deber.
La libertad, en el pensamiento filosófico posterior, no será una simple interioridad moral. Hegel criticará esa abstracción y reemplazará las leyes de la naturaleza, de Kant, por las de la lógica o razón. Será la racionalidad la que dé al hombre la posibilidad de ser libre, como sujeto histórico.
Marx, en cambio, pondrá a las fuerzas productivas en lugar de la naturaleza y de la racionalidad. La libertad –para Marx- no es un imperativo a priori del ser humano. El capitalismo divide la sociedad en clases, y la explotación, usa como medio a una clase, por otra. La libertad depende de la estructura de la sociedad, del modo de producir las condiciones materiales de existencia, del orden jurídico de la propiedad de los medios de producción, y de la división del trabajo que le es afín.
Y la conciencia para sí, es un medio, propio de la clase revolucionaria.

Fernando Bárcenas


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