lunes, 26 de marzo de 2012

Fe y razón debaten la vida




¿Existe un conflicto entre ciencia y fe en relación al aborto? Tras celebrarse ayer el Día Internacional del Niño por Nacer, y anunciarse para esta semana una jornada de reflexión sobre el derecho a la vida, conviene examinar esta pregunta. 

Esta es una percepción donde los adversarios del aborto salen mal parados. Pues en una sociedad laica y pluralista no solo tienen mayor prestigio y legitimidad las posiciones derivadas de la razón, sino que los no creyentes pueden argumentar —correctamente— su derecho a que no se les impongan por ley convicciones religiosas de otros.

Parte de esta percepción se debe a los creyentes que sustentan su oposición al aborto recurriendo exclusivamente a la Biblia o argumentos teológicos, en lugar de utilizar los argumentos proporcionados por las ciencias biológicas y jurídicas. Veamos.

Todo el debate sobre si debe o no permitirse el aborto en sus distintas modalidades tiene, como centro de partida obligado, su definición de lo que es el feto. ¿Es o no un ser humano? Respondida esta pregunta todo lo demás viene por añadidura: si lo es, exige respeto y protección. Si no lo es, puede tratarse como un mero tejido susceptible de extirparse y tirarse al basurero.

¿Cómo saberlo? Poniendo al lado la Biblia, que es fuente legítima de información para los creyentes, lo que la ciencia enseña, sin ninguna ambigüedad, es que el feto no es un tejido propio de la madre como lo es una muela. Por el contrario, es otro ser con su propio DNA, sexo y tipo de sangre. “Genéticamente”, nos dice el doctor Albert Liley, fisiólogo conocido como el padre de la fetología, “la madre y el feto son individuos distintos desde la concepción”.


Quien ha visto el vientre de una embarazada ondulando ante las patadas o contorsiones de la criatura que encierra, capta fácilmente, sin necesidad de mayor argumentación científica, que lo que está allí no es una masa de tejidos cualquiera sino un ser humano —en cierta forma completo con un corazón que late desde el día 25— aun cuando todavía necesite un proceso de maduración y crecimiento antes de poder sobrevivir en el mundo exterior.

La consecuencia jurídica de esta premisa o realidad biológica cae por su propio peso. Si estamos en la presencia de un ser nuevo —que no es equino ni canino sino humano-único, irrepetible y distinto a sus padres— no tiene sustento científico ni racional el alegato de algunos abortistas de que la madre tiene derecho a disponer libremente de su cuerpo, pues el feto no es parte del mismo, sino otro ser con similar rango y derechos.

Si la razón para negarle el estatus de humano o conferirle un rango menor es su dependencia extrema, o la aparente ausencia de conciencia o racionalidad, habría que extender estos criterios a los recién nacidos, que también comparten muchas de estas características o “deficiencias”. Pero la ciencia jurídica, lejos de conceptuar las “deficiencias” o debilidades como un atenuante de la humanidad o de los derechos de quienes las sufren, considera más bien que en razón de su indefensión y fragilidad, los más vulnerables —incluyendo los minusválidos— deben gozar de una protección y defensa aún mayores.

Biblia, fe y razón, coinciden.  

martes, 13 de marzo de 2012

LOS RECUERDOS CAMBIAN LA PERCEPCIÓN DEL MUNDO



Conceptos abstractos como ´el bien´ y ´el mal´ afectan a la percepción del mundo físico alrededor de la persona, según los científicos de la Universidad de Kansas (EE. UU.).
Un grupo de psicólogos estadounidenses pedían a los participantes de un estudio recordar sus experiencias buenas y malas, después los especialistas observaban cómo cambiaba su apreciación del mundo, tomando en cuenta sus descripciones del entorno.
A los que evocaban hechos buenos, la realidad les parecía más brillante. Por ejemplo, la cámara les parecía más clara, mientras que a los que recordaron sus experiencias negativas todo se convertía en más oscuro.
Además, cuando les ofrecieron objetos seleccionados al azar, las personas que recordaron sus hechos poco éticos preferían las cosas que producen luz, como linternas y velas. Según los expertos, esta elección está vinculada con el sentido de culpa que sufre la persona. “Así ella se siente en las tinieblas y por eso quiere liberarse de este resabio, agregando luz a su entorno”.

“Hemos encontrado que el mal no sólo hace a las personas pensar en la oscuridad, sino también sentir y ver la realidad más oscura”, comenta el coordinador del proyecto Promothesh Chatterjee.
El científico indica que las investigaciones anteriores señalaron que los individuos mentalmente conectan los conceptos abstractos con los concretos. Sin embargo, Chatterjee en su estudio ha dado un paso adelante, demostrando que esta conexión no es solamente lingüística, sino que influye en la percepción del mundo físico del individuo.

Artículo completo en:http://actualidad.rt.com/ciencia_y_tecnica/inventos/issue_37377.html