sábado, 29 de septiembre de 2012

Los detractores de Hegel


“El pensamiento filosófico y científico tienen el carácter de ser siempre “objetivos”; en cambio, en la religión, el “pensamiento” es un producto del trato “personal” de la criatura con su Creador.” El idealismo hegeliano tuvo una enorme influencia en su tiempo. Su concepción de la “Idea Absoluta” como sucedánea de la idea cristiana de Dios, justificaba el devenir histórico de los pueblos.
El Estado era para Hegel, la encarnación más palpable de esta idea absoluta. Por algo encontró su sistema mucha simpatía en el gobierno prusiano de su época. Su fama se extendió por toda Europa y fue considerado el filósofo más importante de la historia de Alemania. Sin embargo, tuvo también opositores o detractores: el existencialista Soren Kierkegaard, el voluntarista Arthur Schopenhauer y el materialista Karl Marx.
Soren Kiekergaard danés, es considerado el fundador de la corriente filosófica llamada “Existencialismo.” Detestaba a Hegel y decía que este había edificado con su razón “castillos en el aire mientras él permanecía viviendo en una pobre cabaña.” Kiekergaard es el primer filósofo en la época moderna que dio más importancia a nuestra “subjetividad” que a la objetividad exclusiva de la razón. El “existir” es primero, el “ser” (del saber) es después. Concentrar las energías psíquicas en el propio conocimiento, es más importante que conocer todas las leyes físicas que rigen este Universo.
Según Kiekergaard, hay tres esferas de existencia en el ser humano: La “estética”, la “ética” y la “religiosa.” La vida “estética” es la de los placeres que esta vida nos puede ofrecer; la “ética” está consagrada al cumplimiento de nuestros más fundamentales deberes; y la esfera “religiosa”, en donde el ser humano se postra ante Dios como criatura limitada y como pecador. De esta concepción subjetiva y personal, la religión alcanza su verdadera dimensión que va más allá de cualquier doctrina filosófica o adhesión objetivista de las ciencias. Lo objetivo del saber de Dios tiene que pasar primero por la experiencia personal y espiritual.
Arthur Schopenhauer, el otro detractor de Hegel, llegó a tacharlo como “el gran charlatán”. Hegel decía que “todo lo racional es real y que todo lo real es racional”. Schopenhauer en cambio decía: “Todo lo real es irracional y todo lo racional es sólo una representación de lo real que es “pura ilusión”.
Schopenhauer, por influencia de la filosofía de la India, llegó a considerar que lo único que este mundo puede ofrecernos es dolor y sufrimiento. De allí que todo el mundo lo haya estigmatizado como pesimista y fatalista. ¡Nada más falso!
Schopenhauer ofrece dos salidas de este mundo, nada despreciables, a saber: la vida artística y la vida espiritual. Ambos tipos de vida nos pueden consolar mucho durante toda nuestra existencia corporal. ¡A través del arte y la vida ascética, el hombre se libera del imperio de la “voluntad de vivir” que es lo que lo mantiene esclavizado a este mundo! ¡Es que la Naturaleza es para Schopenhauer un campo de lucha sin cuartel!
Y, por último, Karl Marx, quien adoró a Hegel en su juventud y lo detestó en la vejez. Cambió la “idea” por la “materia” y usó el método dialéctico hegeliano de una manera violenta y revolucionaria. Su teoría filosófica más importante fue “El materialismo dialéctico e histórico”, intuición fundamental y guiadora de sus aventuras revolucionarias que compartió con Engels.
Concluyendo: existencialismo, voluntarismo y materialismo son las tres corrientes filosóficas que estos pensadores heredaron a la humanidad en los siglos XIX y XX respectivamente como una reacción al poderoso influjo que ejerció Hegel en su época.
 Juan.bosco@ avemaría.edu.ni

sábado, 22 de septiembre de 2012

Un yo que sobrevive al determinismo



La ética de Emmanuel Kant (1724-1804), es autónoma, dictada por la conciencia y no por una instancia ajena al yo personal, que es colegislador en el reino de los fines. Prescribe solo la forma de la acción y culmina en la persona moral, en el yo puro que debe realizar su esencia racional. Todos los hombres son fines en sí mismo: la inmoralidad consiste en tomar al hombre como medio.
En el contexto histórico que le tocó vivir y más aún en el actual estos conceptos convulsionan el pensamiento humano e introdujeron en la evolución social profundas transformaciones.
“El valor de un hombre es dado del uso que hace de su libertad, el valor de una filosofía depende de la medida de la libertad a la cual conduce a la humanidad”. Estamos de frente a un perfecto iluminista y su concepto de libertad inició su trayectoria práctica con el triunfo de la revolución francesa (1789).
El individuo privado escribió Benjamín Constan en su ensayo de” La Liberté des anciens comparée á celles des Modernes” es la invención por excelencia de la civilización moderna. Karl Marx (1818-1883) está de acuerdo y ve en esta invención el sentido histórico de la epopeya francesa que pone al individuo al centro del sistema político y lo rescata de las instituciones feudales y de la tutela de la religión, conformando así el embrión del estado moderno y de la democracia política que el pueblo ruso al inicio del siglo XXI lucha por establecer. El error de Marx fue suponer que la revolución francesa fuera una victoria de la burguesía capitalista sin existir burguesía, como tampoco la había en Alemania. Los cambios en este sentido llegaron con Napoleón Bonaparte figura histórica muy admirada por el creador del “Materialismo Histórico”.
Karl Marx como Kant pertenecen a su tiempo. El constructor de la “Liga Comunista” no fue, aunque predicó el paraíso en la tierra, un profeta religioso. No estuvo solo en su empresa, antes que él toda una miríada de utopistas tenían puesta su esperanza en la “Ciudad Futura”, oasis de paz y felicidad.
La desgracia de Karl Marx fue la realización de un comunismo que se apartó de sus recomendaciones teóricas. Setenta años de dictadores, de tiranías, de crímenes, de masacres colectivas.
Responsabilizar al Filósofo por el infierno que se edificó en lugar de su hipotizado paraíso, es un error. Basta leerlo (es necesario leerlo) para comprender que tal acusación es insensata, como las acusaciones que atribuyen al pensamiento humano los crímenes de la bestia que todos llevamos.
Quien sostenga que Marx fue un pensador rudo y poseído mesías del cual nos llovieron solo desventuras o no lo ha leído o no lo ha comprendido. “El Capital” es una lectura económica fundada sobre el modelo de la economía inglesa y de los fisiócratas franceses, pero el actor por el cual estableció mayor empatía fue con Alexis Tocqueville (1805-1859) liberal de formación, experto de “L´ Ancien Regime” y de la democracia norteamericana, noble de nacimiento, ex-ministro de Relaciones Exteriores de Francia.
En su “Materialismo Histórico” al espíritu absoluto de Hegel (1770-1831) lo sustituyó con la materia y de éste heredó su método dialéctico desplazándolo del espíritu a la materia, del pensamiento al ser. Desconoció la libertad como elemento dialéctico y la reemplazó con un determinismo hermético, dogmático religioso, dejando poco espacio a la iniciativa personal. Cometió un error; haber dado a su pensamiento la forma de un lecho de “Procuste” en el cual alcanzara la historia universal, que no era la universal, si no la de Alemania, Francia e Inglaterra que indujo en sus días a Kant, en su euforia antropocéntrica, a afirmar que la perfección espiritual solo era posible para la raza blanca Europea. Ver el mundo como una película que del esclavismo nos lleva a la economía de la división del trabajo y del dinero dentro de una visión integral lo acercó a Kant y Hegel quien con sus sistemas filosóficos pretendieron dar respuesta a todos los interrogantes de la mente.
Marx fue aún más rígido que Hegel y Kant: dictó las leyes de la evolución social, incendiando el planeta con sus profecías. El fin sería un comunismo para todos, la abolición del estado y la plena libertad para aquellos que obren y hablen en nombre de las masas. El incendio se calmó pero sus brasas continúan encendidas quemando ideologías utópicas que con el tiempo perdieron fertilidad y se convirtieron en instrumentos del poder.
Si la acción humana no tenía para Kant el objeto del dominio de la naturaleza, los avances técnicos-científicos demostrarían lo contrario, su impulso ético está todavía vigente en la democracia que se consolidan y su motivación afonda sus raíces en el status de ciudadano. Los marxistas tienen una concepción rígidamente doctrinaria de la verdad, reduciéndola a una dimensión política con el objeto de ganar poder. Levantan la bandera del determinismo económico y reconocen solo a las fuerzas productivas como los sujetos históricos de la transformación, sacrificando otra vez a Karl Marx y no reconociendo que el socialismo científico, con su visión sectaria y excluyente, impidió la consolidación de una cohesión social, clave para el éxito de cualquier proyecto humano.

jueves, 13 de septiembre de 2012

¿La ética kantiana como fin político?



“No es la conciencia de los hombres la que
determina la realidad; por el contrario, la
realidad social es la que determina su conciencia”.
Marx
El 7 de septiembre, en un artículo de opinión, titulado “Candidatos de paja”, Sofía Montenegro escribió en El Nuevo Diario una parte fundamental del pensamiento ético de Kant (sin ubicarlo coherentemente en el contexto de la evolución del pensamiento filosófico de la humanidad), con el cual pretendía soportar su crítica a la política deleznable del orteguismo, conocida como el “dedazo”, que convierte aún más abiertamente a esa organización política, en una estructura vertical absolutista, lejos del concepto de partido político, y muy similar a la que posee la iglesia católica (pero, sin concilios, ni cónclaves).
Al fin de cuentas, el orteguismo es un movimiento político ideológicamente muy pobre, con una historia muy efímera, y sin el vínculo providencial con una divinidad sobrenatural, que, en el caso de la iglesia católica es un supuesto apriorístico, una justificación metafísica trascendental del verticalismo. Lo que permite, conforme al derecho canónico, que la cúspide eclesiástica proclame artículos de fe, para cubrir vacíos racionales en el ejercicio de su poder material y espiritual.
Un tentativo semejante del orteguismo, lo aleja de una base de principios democráticos dentro de la organización, borra la existencia de estatutos, cuya esencia es la de regular los derechos y deberes de los miembros; debilita este movimiento, paradójicamente, ya que la centralización en torno al poder omnímodo unipersonal, es contraria a un fuerte desarrollo organizativo de masas; y lo sitúa a contrapelo de la historia y del desarrollo de la nación, dado que únicamente afirma el parasitismo de una burocracia que se considera independiente de las clases sociales, con fundamento objetivo en el atraso.
Doña Sofía –con una redacción simplista que no es la del filósofo- toma de Kant, fuera de contexto, el siguiente pensamiento:
“El filósofo Enmanuel Kant postuló que el ser humano tiene dignidad por el simple hecho de ser un ser racional, y que, por lo tanto, y acorde con el respeto que se merece esa dignidad, nunca debe ser utilizado como medio para nada, sino siempre como un fin en sí mismo.”
Con esta cita de Kant, mal redactada e inexacta, doña Sofía denuncia que moralmente los militantes del orteguismo son vistos como objetos, no como personas, como medios, no como fines; en fin, deshumanizados.
Sin percatarse, doña Sofía, de esta forma, convierte el imperativo categórico de Kant en un imperativo hipotético, ya que con él determina cómo debe operar moralmente un partido político, condenando así la manipulación que hace el orteguismo de sus miembros.
Pero, en mala hora, doña Sofía escogió apoyarse en la moral de Kant, no sólo porque él piensa que la mujer sea un ser inferior, sin derechos políticos, conforme su naturaleza, bella, pero, no sublime, como la naturaleza del varón (según sus palabras), destinada únicamente a la reproducción y a la crianza. Y, porque Kant es, ideológicamente racista. Sostenía que la humanidad existe en su perfección, en la raza blanca. Si no, porque, contradictoriamente, Kant, por su concepción filosófica de la historia, no puede inspirar la lucha de ningún partido político, por la emancipación social.
A la pregunta, ¿qué debo hacer?, Kant da una respuesta moral. Su filosofía sostiene que el hombre es un sujeto histórico pasivo. Es decir, que está inmerso dentro de un progreso de la naturaleza dirigido a cierto fin, que supera su conciencia. La acción humana no tiene por objeto –para Kant- el dominio de la naturaleza, sino, esencialmente, la libertad individual. Su acción emancipadora, por consiguiente, viene trazada por el deber.
La libertad, en el pensamiento filosófico posterior, no será una simple interioridad moral. Hegel criticará esa abstracción y reemplazará las leyes de la naturaleza, de Kant, por las de la lógica o razón. Será la racionalidad la que dé al hombre la posibilidad de ser libre, como sujeto histórico.
Marx, en cambio, pondrá a las fuerzas productivas en lugar de la naturaleza y de la racionalidad. La libertad –para Marx- no es un imperativo a priori del ser humano. El capitalismo divide la sociedad en clases, y la explotación, usa como medio a una clase, por otra. La libertad depende de la estructura de la sociedad, del modo de producir las condiciones materiales de existencia, del orden jurídico de la propiedad de los medios de producción, y de la división del trabajo que le es afín.
Y la conciencia para sí, es un medio, propio de la clase revolucionaria.

Fernando Bárcenas